La crítica: la función del arquitecto

En las ciudades modernas solo intervienen arquitectos en porcentajes tan bajos como el 10 por ciento de los proyectos que se construyen.
Transmitir al cliente el valor de un proyecto.
Transmitir al cliente el valor de un proyecto. (Especial)

México

Hoy en día es el momento en que más arquitectos ha habido desde el inicio de la profesión como grado universitario superior. Paradójicamente, también nuestro tiempo es el que menos trabajo ha generado para dichos profesionistas. En las ciudades modernas solo intervienen arquitectos en porcentajes tan bajos como el 10 por ciento de los proyectos que se construyen.

¿A qué se debe esta profunda crisis en nuestra profesión? ¿Es válido afirmar que el problema radica en que el control de la industria de la construcción está en manos de los administradores de empresas? Desde hace años los teóricos y críticos de la arquitectura se hacen preguntas similares y han generado textos enteros donde intentan responder estos y otros cuestionamientos. Recientemente, algunos autores como Charles Jencks, Robert Venturi y Hans Ibelings han afirmado que el modernismo ha sido superado y que existen nuevos paradigmas para nuestra profesión que no se enseñan en las escuelas, ni se discuten lo suficiente en los ámbitos académicos ni en los medios de comunicación. Otro autor que defiende la abstracción y sofisticación de la arquitectura culta es Aaron Betsky, quien debatió hace poco tiempo sobre el tema particular en el prestigioso diario estadunidense The NewYork Times, con los arquitectos Bingler y Pedersen, quienes abogan por una arquitectura más ligada al ser humano en términos simplistas. Betsky sostiene que la arquitectura innovadora y los diseños complejos y sofisticados solo pueden apreciarse con la educación y los medios necesarios para contratar a un arquitecto, una visión elitista de la que ciertamente difiero.

Mi opinión es que el terreno profesional que hemos cedido los arquitectos a todas las demás personas que ejercen nuestra profesión sin haberla estudiado, no es un patrimonio que nos ha sido robado, sino que lo hemos perdido por falta de sensibilidad a las necesidades cambiantes de los distintos medios sociales a los que cada uno pertenece. En México el proyecto arquitectónico no tiene ningún valor para el cliente, porque existen infinidad de empresas constructoras que lo incluyen en el presupuesto de construcción de modo gratuito. Los únicos arquitectos que tienen trabajo como proyectistas en nuestro país son aquellos que han tenido la suficiente inteligencia y capacidad para transmitir a los clientes el valor que el proyecto agrega a su patrimonio inmobiliario. Uno de los fundamentos de dicho valor agregado es de carácter simbólico: la simple firma que asocia el nombre de un arquitecto famoso al proyecto en cuestión. Pero también hay otras ventajas tangibles que hacen atractiva la contratación de un arquitecto, principalmente su capacidad de racionalizar los recursos disponibles y hacer que el costo de la construcción se optimice, hasta alcanzar el nivel más conveniente para el propietario.