La crítica: Fama/Fortuna

Si un arquitecto está más interesado en el dinero que en el reconocimiento público, lo que más le conviene es ser indulgente con todos los deseos de sus clientes.
Fotograma de la película "El manantial".
Fotograma de la película "El manantial". (Especial)

México

Supongamos el caso de un arquitecto, el cual se ha desarrollado profesionalmente hasta el punto en el que no le faltan clientes y vive de manera holgada (es una suposición bastante remota para los tiempos que corren, en los que hay muy poco trabajo para los arquitectos, que siguen egresando de las universidades de forma cada vez más numerosa). Estos casos son muy escasos, pero vale la pena reflexionar acerca de la decisión que dicho hipotético arquitecto está en posición de tomar entre la fama o la fortuna. Si dicho arquitecto está más interesado en el dinero que en el reconocimiento público, lo que más le conviene es ser indulgente con todos los deseos de sus clientes y buscar siempre el máximo provecho y beneficio de las condiciones económicas del proyecto, para así obtener un mayor porcentaje para sí mismo. Si, por el contrario, el arquitecto busca la fama, debe intentar cuestionar, experimentar y mejorar en cada proyecto que realiza, muchas veces sacrificando la relación cordial con sus clientes y no siempre poniendo la eficiencia como primera prioridad, lo cual seguramente resultaría en un menor beneficio económico para él.

Es evidente que en la realidad, fama y fortuna nunca llegan de modo aislado, o no llegan del todo. Ambas existen en distintos grados según cada profesional y también van y vuelven de manera cíclica. Pero como hipótesis es más práctico tratarlas por separado y de modo a veces absoluto.

Estos dos arquitectos hipotéticos se parecen en cierta medida a Peter Keating y Howard Roark, los dos personajes principales de la novela de Ayn Rand El manantial. Ambos jóvenes se conocen en la universidad; Howard es el idealista y Peter el pragmático. Antes de graduarse, Howard va a Nueva York y comienza a trabajar con un arquitecto talentoso pero sin éxito. Poco después de graduarse llega a la ciudad Peter, quien se alista en la firma más prestigiosa del momento y comienza a ganar buen dinero al complacer las excentricidades de todos sus clientes. La trama continúa en distintas direcciones: Howard cae en desgracia, pero al final se redime y su último proyecto es un edificio que encarna la grandeza humana.

Aunque la historia suene muy romántica y atractiva, hoy en día estos casos se dan solamente en la ficción literaria. El arquitecto más famoso que aún vive, lord Norman Foster, probablemente también sea el más rico del mundo. Su carrera se ha caracterizado por las relaciones públicas exitosas y a la vez también ha sido un innovador en el campo del diseño estructural de alta tecnología. Es el Roark y el Keating de la novela, unificados en una sola persona.