La crítica: estilo comercial

Hasta nuestros días, cualquier proyecto con marcos de piedra de cantera en las ventanas, colores típicos y herrerías garigoleadas sigue teniendo alto valor comercial.
Innovaciones que terminan en convenciones.
Innovaciones que terminan en convenciones. (Especial)

México

La construcción de casas y edificios de apartamentos en la Ciudad de México se rige por las normas de oferta y demanda del mercado inmobiliario. Ahora que nos encontramos en un período de notable efervescencia en este sector económico, conviene reconsiderar el contraste entre el valor patrimonial y la importancia cultural de los edificios que los arquitectos estamos diseñando. En general se considera con alto valor comercial, a los proyectos que se venden más fácil y rápidamente, ya que el lucro del promotor inmobiliario radica en el tiempo de retorno de su inversión. No olvidemos que el espacio habitacional es un bien de consumo.

Hace 20 años, el estilo que más fácilmente se vendía era el de la arquitectura de corte convencional e historicista: estaba garantizado el éxito de la venta de casi cualquier construcción cuyos acabados recordaran a la Provenza o a San Miguel de Allende. Hasta nuestros días, cualquier proyecto con marcos de piedra de cantera en las ventanas, colores típicos y herrerías garigoleadas sigue teniendo alto valor comercial. Sin embargo, en los años noventa comenzó un movimiento, particularmente en la colonia Condesa, que buscó comercializar una serie de construcciones de tipo más contemporáneo. Fue en aquella década cuando los arquitectos Javier Sánchez, Enrique Norten y Alberto Kalach consiguieron popularizar diseños inspirados en la arquitectura de moda en Europa central: fachadas de concreto aparente con balcones de hierro estructural, ventanas apaisadas, cristales esmerilados y espacios de doble altura.

¿De qué depende la aceptación de tal o cual estilo arquitectónico? El público en general, que tiene solo nociones básicas sobre arquitectura, busca principalmente soluciones probadas y convencionales, no le gusta tomar riesgos e invierte en lo que ya conoce, sea tradicional o contemporáneo. Por lo tanto, la arquitectura experimental no tiene cabida en el mercado inmobiliario. Una forma de hacer arquitectura comercial perdura por mucho más tiempo en el gusto popular que los proyectos donde los arquitectos se plantean una visión novedosa o fuera de lo común. Es interesante que con el tiempo casi cualquier innovación se convierte en una convención. Por ello no sorprende que veamos por las calles todos los días, proyectos inmobiliarios casi iguales a los que se hacían hace dos décadas, los que, no obstante, se ofrecen como novedosos y vanguardistas.

Queda preguntarse dónde se encuentra el máximo valor cultural de la arquitectura que se construye hoy. Es una cuestión muy difícil de responder, pero casi seguramente no la encontraremos en la actual oferta inmobiliaria.