La crítica de espacios: Arquitectura real

La vida en las ciudades es percibida de modo muy distinto, según la situación que vive cada persona dentro de su entorno urbano.
Laderas tapizadas de casas informales.
Laderas tapizadas de casas informales. (Pablo López)

México

Cada persona vive su propia realidad, que puede parecerse mucho a la de sus semejantes, pero nunca será exactamente igual. Esto se debe a que la percepción de cada ser humano es dinámica y distinta, depende del estado psicológico y emocional de cada individuo. La realidad como concepto general es muy distinta de la realidad particular de cada persona: se nutre del consenso y del disenso, de las negociaciones y aproximaciones entre personas y grupos. Podríamos decir, con ciertas reservas, que la mayoría decide cuál es la realidad general, sin que ello anule el derecho particular de disentir. Sin embargo, frecuentemente se dice que las minorías exclusivas se encuentran “fuera de la realidad”. Quizá sea más exacto decir que la realidad se compone de la cohabitación de todas las realidades particulares.

La vida en las ciudades es percibida de modo muy distinto, según la situación que vive cada persona dentro de su entorno urbano. Para unos, la realidad es el suburbio periférico y el tiempo de transporte al trabajo, vivencia muy distinta a la de quien habita el centro y se desplaza a pie. La movilidad es la parte esencial de la experiencia de la ciudad.

La arquitectura también forma parte indisociable de la realidad urbana. ¿Cuál es la realidad urbana de la Ciudad de México? Si siguiéramos el criterio de la mayoría, diríamos que la realidad general de la arquitectura de nuestra ciudad corresponde a la autoconstrucción. Pero con esto estaríamos excluyendo de tajo muchas otras formas de habitación existentes en la ciudad, que van desde los conjuntos habitacionales unifamiliares hasta las unidades multifamiliares y todas las demás formas comprendidas entre éstas. Sin duda, una realidad tangible en el Distrito Federal son los contrastes. En nuestra ciudad conviven los extremos de todo tipo, y esto se refleja claramente en nuestra arquitectura.

Los arquitectos estamos demasiado concentrados en intentar resolver partes muy pequeñas de la realidad urbana, en específico el sector de vivienda con fines lucrativos. Algunos colegas han explorado la vivienda social, pero esto ha disminuido notablemente desde que se encuentra en manos privadas. Casi ninguno se ocupa de la vivienda informal, que paradójicamente constituye la mayoría de nuestra masa urbana. Los arquitectos no miramos hacia el oriente de nuestra ciudad, donde la vivienda autoconstruida cubre varios kilómetros cuadrados. Tampoco sabemos qué proponer para las laderas del poniente de la ciudad, totalmente tapizadas de casas informales ¿Entonces los arquitectos capitalinos estamos fuera de la realidad? En lo que respecta a la arquitectura informal, indudablemente hemos sido superados por la realidad.