La crítica: Un escritor en la lomita

Hablar de Gerardo de la Torre es como mirar un poliedro desde distintos ángulos.
Varios. "Gerardo de la Torre: 50 años en la literatura". Sogem/Ubijus. México, 2013.
Varios. "Gerardo de la Torre: 50 años en la literatura". Sogem/Ubijus. México, 2013. (Especial)

México

Editores, narradores, poetas, cineastas, periodistas, se reunieron con el propósito de elaborar un retrato a lápiz de una figura singular. Así fue como cada uno de ellos hizo su propia interpretación de quién es Gerardo de la Torre. En textos de cinco cuartillas, en promedio, se fue forjando la edición, de modo fragmentario, con luces y contrastes.

Gerardo de la Torre nació en 1938, año en que el cubano Martín Dihigo fue lanzador campeón en carreras limpias admitidas (0.90), juegos ganados y perdidos (18-2) y ponches (184), en la Liga Mexicana.

La lista de autores que dibujan al escritor con motivo de sus 50 años de carrera en las letras mexicanas y 75 de vida, es amplia, y acaso da para integrar dos escuadras beisboleras y sus autoridades, un juego completo. Por ejemplo, como ampayer estaría Vicente Leñero, quien recuerda: “Tanto ese corazón abierto como la dolorosa iracundia que aprendió de José Revueltas son temas tangibles o implícitos en la obra y en la vida de Gerardo de la Torre”. En primera base podríamos ubicar a Mauricio Carrera, con una estampa realista: “De la Torre es el proletario que se hace a sí mismo, el obrero que maneja con destreza la stilson y escribe libros”. En la segunda base, Elsie Méndez Baillet, con una espléndida fotografía que capturó del novelista; en la tercera, Mónica Lavín (la más faulera), quien refiere: “Aprendí de sus cuentos y del gusto por escritores norteamericanos como Nathanael West, Hemingway y Fitzgerald, combinado con los diálogos de Casablanca que se sabe de memoria y los cientos de películas que ha visto, y de su libro sobre guionismo, tan claro y útil”. Y en la cuarta base figura Gerardo de la Cruz, quien con habilidad y certeza asimila las enseñanzas de su tocayo: “La mayor lección de vida que nos ha dado Gerardo de la Torre está ligada íntimamente a su concepción de novela, cuyo elemento distintivo suele sintetizar con una simple frase: perseguir destinos”.

Hablar de Gerardo de la Torre es como mirar un poliedro desde distintos ángulos. Muertes de Aurora (1980) es acaso la única novela, de las más de treinta publicadas sobre el movimiento estudiantil de 1968, que revisa la participación de los trabajadores de las secciones 34 y 35 del Sindicato de Petróleos Mexicanos, en donde la crisis personal se entrecruza con la fiesta y la tragedia de un país. Vuelve al tema petrolero en Losmuchachos locos de aquel verano (1994), con una destreza narrativa que mucho le debe a Hemingway… En este libro colectivo sus compañeros de viaje lo sitúan en la lomita imaginaria, como homenaje a una vida y una obra plenas de garra.