La crítica: El dulce envenenado

A sesenta kilómetros de la Tierra descubre el autor un arte que “no se limita a reflejar el mundo, sino que lo transforma”.
Jonathan Horowitz, "Crucifix for Two", 2011.
Jonathan Horowitz, "Crucifix for Two", 2011. (Especial)

México

Recurriendo de nueva cuenta a su imagen predilecta –el mundo es azul como una naranja- ensaya Juan Villoro una crónica del arte contemporáneo. Pero el mundo surgido de cuatro meses de entrevistas no luce ni redondo ni azul, sino más bien cuadrado como hoja de cálculo, de color verde envidia.

Así como el planeta divisado desde la estratosfera nos regala una sana y cerúlea redondez, así nos presenta, a ras del suelo, esta cuadrícula enviciada por la avaricia y la estupidez. Y no de otra forma el texto de Villoro nos obliga a ir pasando entre vistas opuestas.

No interpretar, sino cambiar, decía Marx. Y a sesenta kilómetros de la Tierra (altura exigida por el encargo) descubre el autor un arte que “no se limita a reflejar el mundo, sino que lo transforma”. En uno de los misterios de Beuys, encuentra que “el arte puede cambiar la época”, liberando al viejo “hombre nuevo” para dar paso a esta empresa museística de la corporación: “artefacto para crear nuevas personas”. Ante la ocurrencia de Francis Alÿs, consistente en desplazar un poquito una duna peruana, no detecta la inanidad de los récords Guinness, sino “la versión social de un milagro”. “Acercarse a la vida” es la consigna. Pero cuidado. No tanto como aquel performancero tunecino.

Oscila el recorrido de obra entre la floritura y el vacío. El crucifijo dúplex es una ironía, tal vez, pero ¿valiosa? ¿enésima? ¿cretina?

Y dentro del dulce redondo y azul, el veneno.

Por todos los museos del mundo, un solo arte igual. Declara Patricia Martín: Todo es un juego de dinero y poder. Abunda Pablo Helguera: El gran romance con el mercado generó la percepción de que arte y mercado son la misma cosa. En ello ha sido crucial el papel de Jumex. De nuestra dependencia del gobierno paternalista hemos pasado al paternalismo de la iniciativa privada: relación nociva.

Todos hablan de crisis. Preconiza Helguera un arte invendible. Desmiente Jonathan Hernández el trotamundismo neoliberal: Es falso que tengas que viajar para hacer tu trabajo.

Asesorado por la princesa de Preslav, nuestro Medici mexicano radicado en Los Ángeles asigna cada año al arte local lo que gastó en el reventón inaugural. De él depende todo. Por un capricho echó abajo el primer proyecto curatorial: quería puras “estrellas” para sus invitados. Atentos, pues, a estas nuevas “resistencias” del gran capital.

Azul como una naranja. Una crónica del arte contemporáneo. Juan Villoro. Fundación Jumex Arte Contemporáneo. 2013