La crítica de cine: La vida. Sube y baja

La película narra, desde el punto de vista de Verónica —joven estudiante recién egresada de la Facultad de Medicina, especializada en psiquiatría—, las situaciones a las que se enfrenta en ese ...
Se siente la mano de un autor.
Se siente la mano de un autor. (Especial)

Érase una vez yo, Verónica tiene un estilo particular y aborda temas que son una invitación al naturalismo más estridente; sin embargo, el autor elige un realismo que sorprende porque evita a toda costa el melodrama clásico. Además de que la construcción de la historia es un acierto, logra con el mínimo de producción una fuerza que nos involucra en las emociones de la vida, con sus altibajos, con sus alegrías y tristezas, lo que es como subirse a una montaña rusa con sus vertiginosas subidas y bajadas.

La película narra, desde el punto de vista de Verónica —joven estudiante recién egresada de la Facultad de Medicina, especializada en psiquiatría—, las situaciones a las que se enfrenta en ese momento de su vida: siente orgullo por haber terminado su carrera
—emoción que comparte con su padre, un anciano apasionado con los discos de vinil que ya se mueve con dificultad— y adquiere una plaza en un hospital público para darse cuenta de que no es lo mismo la teoría en el aula que la de los enfermos en el hospital, y eso la lleva a conflictos: necesita dinero para salirse de un espantoso departamento que tiene fugas en el baño, y para colmo, se da cuenta de que no ama a Gustavo, su pareja, con quien, contradictoriamente —como suele suceder en la vida—, goza el sexo de manera inconmensurable.

Saber medir la intensidad de los acontecimientos es entender lo que es la dirección y realización cinematográficas —por ejemplo, la toma en la que Verónica llora a lágrima viva cuando se entera de que su padre tiene una enfermedad terminal y el realizador la deja que se desahogue en un plano largo frente a cámara—, y eso hace a Verónica un personaje complejo, real, de a de veras, como cualquier ser humano, pero también significa trabajo en la construcción del guión deteniéndose en los múltiples conflictos de un personaje que pretende atraparnos.

Es imposible no comparar: la película mexicana Mi universo en minúsculas tiene el problema de que nunca sabemos para qué el personaje principal busca a su padre; en la brasileña estamos enterados, desde los albores de la historia, que la motivación del personaje es que no sabe a dónde va y qué quiere, ese es su conflicto y en eso hay un abismo de diferencia.

Al salir de la película podemos sentir la mano de un autor que sabe hasta dónde quiere llegar, y por eso el final queda abierto: los problemas no se resuelven como si el personaje tratara de liberarse de un monstruo sino que quedan latentes, suben y bajan, inmersos en las olas del mar.

Érase una vez yo, Verónica (Brasil-Francia, 2012), dirigida por Marcelo Gomes, con Hermila Guedes y Joao Miguel.