La crítica de cine: Asunto de sociedades

Lo que vemos es una película realista, fría en las emociones, que afortunadamente evita el azote melodramático y la lágrima.
Su discurso de ingreso fue contestado por Octavio Paz.
Su discurso de ingreso fue contestado por Octavio Paz. (omar meneses)

Alpes o los suplantadores narra la historia de un grupo de jóvenes enfermeros que crean una sociedad anónima muy peculiar; la denominan “Alpes”, en referencia a la cadena montañosa de Europa Central y que no puede ser suplantada por ninguna otra en el mundo. Entendemos que se trata de una metáfora: esta sociedad se contrata con la intención de suplantar a una persona que ha fallecido para hacer más llevadero el duelo a los familiares; pero, al igual que las montañas, ningún familiar muerto puede ser suplantado por nadie.

Si se trata de sociedades extravagantes, no puedo dejar pasar la oportunidad de mencionar la creada por Iván Dragomiloff: Asesinatos, Sociedad Libre, una agencia dedicada a eliminar a los enemigos de la comunidad, deliciosa novela de aventuras creada por la eximia imaginación de Jack London.

También es imposible dejar de mencionar la irreverente y maravillosa farsa Los idiotas, del danés Lars von Trier, en el que un grupo de jóvenes crean una sociedad cuyo propósito es hacerse pasar por trastornado mental, por idiota, para obtener dinero de empresas y particulares; el resultado es una ácida burla a los valores morales de la cultura occidental.

En una entrevista que le hicieron al realizador griego Yorgos Lanthimos, en el Festival de Venecia, después de que el jurado le otorgó el premio por el mejor guión original, el autor menciona que no está seguro de que existan sociedades que se dediquen a eso, lo que demuestra que no intenta una farsa ni una comedia, y mucho menos una película de aventuras, sino que se lo toma en serio.

Lo que vemos es una película realista, fría en las emociones, que afortunadamente evita el azote melodramático y la lágrima; sin embargo, Los suplantadores no cuaja, no es capaz de generar el mínimo interés, lo que se debe a un guión que pretende mucho, pero que no amarra porque su conflicto se diluye en un simple esquema. Eso crea personajes desdibujados que, más bien, percibimos no sienten lo que dicen y mucho menos se creen lo que hacen, como si el autor sintiese temor de abordar el tema. El resultado es una película fallida.

Los premios que se entregan a la cinematografía en cualquier parte del mundo no significan que la película sea una joya o nos tenga que gustar como si fuera una maldición, pues tienen que ver intereses del jurado, del país que organiza el evento y de quién es el productor. Hablando de sociedades, otro ejemplo digno de mención: ¿por qué le dieron el Óscar a la peor película de los hermanos Coen?

Alpes o los suplantadores (Grecia, 2011), dirigida por Yorgos Lanthimos y Aggeliki Papoulia.