La crítica: 'La ciénega de las garzas'

La ciénega de las garzas, de Camila Villegas, aborda estos asuntos complicados con una hermosa dramaturgia dedicada a adolescentes y adultos.
Un tratamiento de sutileza y poeticidad.
Un tratamiento de sutileza y poeticidad. (Especial)

En qué país vivimos que nuestros niños padecen la violencia del crimen como un eco sordo que taladra sus cabecitas, que se queda ahí como información dolorosa difícil de procesar? ¿Cómo se habla de esa violencia llena de balas, muertos y desaparecidos a un niño? ¿Cómo va a existir una sociedad sana mentalmente hablando si nuestros niños, que son muy inteligentes y a los que nada escapa, se quedan con todo lo que pasa en su entorno atorado dentro de sus jóvenes corazones? Y eso por no hablar de los niños víctimas de atrocidades sufridas por sus padres o por ellos mismos.

La ciénega de las garzas, de Camila Villegas, aborda estos asuntos complicados con una hermosa dramaturgia dedicada a adolescentes y adultos. Con una estructura lineal y tradicional (lo cual no la hace un ápice menos contemporánea), Camila nos entrega una historia de una familia desplazada por la violencia (nadie quiere hablar en México de la cifra real de desplazados que parecen haber dejado de ser cientos de miles, incrementándose): han desaparecido al hermano de Irene que, junto con su esposo Eleazar y la pequeña Amelia, viajaron cientos de kilómetros para una nueva vida. Ahora en su nuevo entorno, donde también la violencia se instaló, Amelia ha de comenzar la escuela por primera vez. Sin embargo ese evento, que podría ser festivo, está rodeado de miedos.

El tratamiento de la dramaturga es de una enorme sutileza y poeticidad, que traslada y comprende a la perfección Alberto Lomnitz, su director. La puesta en escena es de una aparente sencillez y trabaja de la mano del texto para crear una historia conmovedora y pertinente, redonda en contenido y forma. Teté Espinoza, actriz de increíbles capacidades, encarna a esa madre-hermana a la que han perforado el corazón sin que pueda-deba soltar alaridos para sanar la ausencia. Harif Ovalle encarna espléndidamente al esposo-padre que intenta devolver, con su humor y juegos, un poco de serenidad en ese contexto extendido de incertidumbre y temor. Las niñas Majo Vallejo y Valentina Rivera alternan funciones y están tan bien dirigidas por Alberto que el espectador se involucra con su trabajo de inmediato.

La ciénega de las garzas es de esas obras que bordan los elementos emocionales precisos para estrujar el corazón del espectador, sin estridencias, sin poner la violencia en primer plano sino en tercero, que permite la identificación para sentir en carne propia el dolor. Y sale uno de la sala teatral con la sensación de haber comido un delicado y dulce-amargo bombón, magnífico. No se la puede perder, querido lector.

Teatro La Capilla, Madrid 13, colonia Del Carmen, Coyoacán, miércoles, 20:00.