La crítica: El cabezazo

El fotógrafo Adam Magyar adapta equipos industriales de gran potencia y mayor velocidad, purgando de ruido sus resultados hasta dejar plasmada una imagen novísima de la eternidad. 
Harun Farocki. Juego profundo, Deep Play.
Harun Farocki. Juego profundo, Deep Play. (Especial)

México

Al fotógrafo Adam Magyar —http://vimeo.com/83663312— le motiva esa frontera inasible entre el movimiento y la quietud; ese instante sin duración; ese magma temporal, pleno de gracia, en el que no pasa nada. Frontera, instante y magma presentes de nuestra existencia y que nosotros, animales del futuro y del pasado, ignoramos.

Para conseguir su objetivo, adapta Magyar equipos industriales de gran potencia y mayor velocidad, purgando de ruido sus resultados hasta dejar plasmada una imagen novísima de la eternidad. Pacífico abrir de galerías hacia el interior del potosí, generoso desvío de artificios creados para fines contrarios.

Fines, estos, explorados con elegancia por Harun Farocki. En un extremo, la producción ladrillera escasamente industrializada se lleva a cabo mediante el ritmo corpóreo, el conocimiento encarnado, la coordinación distribuida, no tan distintos a los empleados por los termes al construir sus nidos. En el extremo opuesto, el cuerpo inerte del operario de la planta más sofisticada se limita a vigilar dispositivos de vigilancia.

La gran riqueza de materiales aportada por Farocki nos permite atar cabos históricos y artefactuales. Si en una pintura colonial de la ciudad de Potosí el tamaño diminuto de los trabajadores cifra su infravaloración social, denuncia en cambio sus carencias alimentarias. En la simulación terapéutica brindada al invasor de guerras más actuales, ya ni aparecen los despojados.

No debe confundirnos el supuesto vínculo entre condición posthumana y visión maquínica. Siendo el propio cuerpo la prótesis original, lo posthumano resulta tan baladí como la telaraña "posarácnida" o como el dique del "poscastor". Las palancas fenotípicas de las especies manipulan objetos no ajenos, pero sí distantes. Y las palancas del Argos Panoptes corporativo y transnacional son movidas por deseos reptiles.

Nos vende la telecracia mil perspectivas simultáneas de aquella fatídica final. Al igual que Magyar, el director de cámaras mina el tiempo para que rinda: "¡Listos para la toma estética!" (panorámica del estadio, con gloria crepuscular). Pero el cerebro de Zinedine Zidane también lo están trabajando sus adversarios, como los custodios el patio de la cárcel: con tecnología de punta, prehistórica, posthumana. Y cuando por fin dan en el blanco, puteándole a la hermana, entonces anochece el cerebro como ojo de misil sacrificado.

Harun Farocki. Visión. Producción. Opresión. MUAC. Hasta el 15 de junio.