La crítica: El arca de JEP

Lo que escribe José Emilio Pacheco muestra la realidad de un mundo atroz, en el que sus pobladores se empeñan por destruir los distintos ecosistemas.
Nuevo álbum de zoología. José Emilio Pacheco. Ilustraciones de Francisco Toledo. ERA. México, 2013.
Nuevo álbum de zoología. José Emilio Pacheco. Ilustraciones de Francisco Toledo. ERA. México, 2013. (Especial)

México

Es casi imposible decir qué animal llegó primero al arca poética de José Emilio Pacheco, lo cierto es que integrantes del reino animal se dieron cita y fueron divididos a partir de su relación con los cuatro elementos o hábitat: de agua, de aire, de tierra y de fuego.

La idea de reunir esta arca fue de Jorge Esquinca, en 1985 La primera edición de este bestiario vio la luz en la serie Cuarto Menguante de Guadalajara, contó con ilustraciones de Alberto Blanco. Tanto en Álbum de zoología (1985) como en Nuevo álbum de zoología (2013) figura el poema que Esquinca le dedica a Pacheco, “Fábula del cazador”, un preludio al tema del libro, en donde impera la muerte y la desolación que padece la naturaleza en manos de los seres humanos. Lo que escribe José Emilio Pacheco muestra la realidad de un mundo atroz, en el que sus pobladores se empeñan por destruir los distintos ecosistemas.

Tras la edición bilingüe que realizó la University of Texas Press, con traducción de los poemas por parte de Margaret Sayers Peden, Francisco Toledo se integró al proyecto como ilustrador de esta nueva compilación.

La curiosa cualidad de los animales de predecir el futuro ha quedado asentada en algunos términos. La ornitomancia es el arte de adivinar por medio del canto de los pájaros, alectomancia se le denomina a las predicciones por medio del canto del gallo y la eluromancia (practicada por los chinos) es la adivinación con sólo ver los ojos de los gatos. En los poemas de esta arca se hace énfasis en los ojos de los animales; sin embargo, muchos de ellos ya no pueden predecir si habrá o no un futuro promisorio, duermen eternamente.

Los animales de tierra predominan en estas páginas. Sin importar su tamaño o dimensión, el poeta se ocupa de los diminutos ácaros (“o la guerra de los mundos”),  caracoles, arañas que al tejer hacen arte, grillos (no políticos), pulgas, babosas, cigarras (“salen del fondo de la vida/ y están hablando con la tierra”), abejas y hasta de la hormiguedad (“carezco de importancia: tengo misión”). Del aire sobresalen pájaros y gorriones, halcones (“verdugos, policías”), el búho, zopilote, colibrí y, por supuesto, “ese ángel caído”, el murciélago. Del agua emergen el erizo (“tiene miedo de todo y quiere dar miedo”), pulpo, sirena, medusa blanca (la Xtabay de los mayas), ballena y el que ostenta ser el “mejor poeta, el más grande”, el sapoeta. Del fuego están incluidos la salamandra y el ave fénix, que “arde en la hoguera de su propio vuelo”.

Sin duda, hay varios animales que faltaron de mencionar en este breve espacio. Asomarse a esta nueva arca de JEP, un deleite.