La crítica: El abandono

Al parecer se trata de una obra de Mathias Hietz.
Escultura firmada “MHIETZ”.
Escultura firmada “MHIETZ”. (Luz María Carmona)

Entre dos odas a la madre tan explícitas como celebradas yace en silencio una oda abandonada: una escultura en piedra emplazada frente al Senado, en el cruce de Paseo de la Reforma y avenida de los Insurgentes.

En efecto: del otro lado de Insurgentes se alza el Monumento a la Madre, modelo de indigenismo y paradigma de imposición del mito patriarcal. A poca distancia, delante del Palacio de Bellas Artes, se detiene un instante otra madre, en forma de araña, a la que todos contemplamos, en su inmensidad inquieta y ambigua, con azoro de niño.

Entre estas dos alabanzas yace una criatura expósita. Como único dato de filiación, lleva grabado en un costado manchado de ácidos las letras MHIETZ. Tenía placa, pero hace tiempo se la arrancaron. A algún ciudadano le ha servido de lápida funeraria (nombre, fecha y cruz nimbada); a otro, como medio de protesta política. Los coccinélidos la han tomado de patria y desde sus entrañas minerales empiezan a aflorar unos huevecillos verdiamarillos que en pocos años la habrán reducido a un puñado de arena.

Pensamos que se trata de una obra de Mathias Hietz, escultor austriaco que estuvo en México en el año de 1987 con objeto de asistir a un simposio internacional de escultura. Un titular de prensa de la época reza: “Participantes en el Simposio de Acolman: Escultores famosos donarán obra a México”. Origen verosímil.

Se trata de una obra cuya circunnavegación depara vistas, cualidades y dinamismos inagotables. Apasionada lucha entre la razón geométrica y la naturaleza indomable, emprendida y resuelta por un excombatiente de guerra que solía exorcizar el horror esculpiendo jinetes del Apocalipsis y, de forma más serena, conviviendo con escultores del mundo entero en la cantera de Lindabrunn, convertida en inmensa gliptoteca a cielo abierto.

El abstraccionismo modernista se tiene en nuestros días por caduca estrategia sublimatoria del patriarcado, de la cual artistas como Bourgeois vendrían a liberarnos. Pero también, como señala Nancy Fraser, el giro feminista hacia la política identitaria encaja perfectamente con el proyecto neoliberal de suprimir toda memoria de igualdad social. La crítica exclusiva del sexismo cultural se dio justamente cuando lo que más urgía era una crítica de economía política. Pero es difícil que los hombres objeto de “generocidio” (esto es, los civiles en edad de combatir) sean tema de estas autoridades “culturales” que nos inundan de “política identitaria”.