La crítica: Trozos de vida

Roma es el marco de la historia, donde los nativos parecen tocarle las barbas a Júpiter para enfurecerlo.
Descubir Roma y sus personajes.
Descubir Roma y sus personajes. (Especial)

México

La gran belleza es una película que genera discusión y polémica: a unos les parece fallida y contradictoria, y a otros un fino acercamiento a la sociedad romana actual, que se descompone pero se vanagloria de un pasado que no sirve para nada. Los personajes —incluyendo a Jep Gambardella, escritor de 65 años que se volvió famoso por escribir un libro— viven en el caos como la única posibilidad de volver al orden; los turistas, encantados, nunca terminan de fotografiarla porque no pueden asimilar su belleza. Entonces sobreviene el síndrome de Stendhal: el desmayo por un goce artístico exacerbado.

Roma es el marco de la historia, donde los nativos parecen tocarle las barbas a Júpiter para enfurecerlo. Jep, con la elegancia que envidiaría Hollywood, vive en el mejor lugar del mundo: en una azotea de un edificio frente a las ruinas del Coliseo. A partir de ahí el personaje efectúa un recorrido con personas que viven con profunda indolencia, son hueras y deprimentes.

Paolo Sorrentino, el autor, nos hace testigos de la belleza de Roma en todo su esplendor, aunque nutrida por la superficialidad y la enajenación de quienes la habitan; nos recuerda, irremediablemente, por estilo y forma estructural, La dulce vida, de Fellini, en donde el "abc" dramático importa un bledo, pues lo importante es mostrar que nuestra vida, donde quiera que sea, está conformada por trozos, por partículas pequeñas que no valen nada si las comparamos con el tamaño de la Historia o de la Eternidad.

La película está muy bien realizada; la secuencia del cumpleaños de Jep, por ejemplo, es brillante, excitante: nos mete al baile, a la bebida, a la noche y a la belleza. No cabe duda: estamos en una bacanal.

En la medida que conocemos a Jep nos identificamos y nos emociona; pero de repente, con astucia dramática, empezamos a verlo a distancia, como si él no quisiera estar con nosotros, y nos advierte que es como todos los personajes que ha descubierto. Sin embargo, está decidido a no hacer nada que no le guste. Eso lo vuelve real, universal.

La historia plantea que la vida es una ficción y está ordenada como si fuera
una película, en trozos, y da la sensación de truco, como un acto de magia que tiene la habilidad de desaparecer una jirafa ante nuestros ojos. Así es la vida: hoy somos jóvenes, mañana viejos, pasado mañana más viejos, y si de tal suerte necesitamos subir unas escaleras, tendremos que arrastrarnos.

La película es un viaje por Roma; prepárese a descubrir a sus habitantes, una verdadera fauna.

La gran belleza (Italia-Francia, 2013), dirigida por Paolo Sorrentino, con Toni Servillo y Carlo Verdone.