La crítica: Tren equivocado, estación correcta

En "Amor a la carta", el planteamiento dramático se hace interesante por una simple equivocación, como sucede en cualquier parte del mundo.
Deja grato sabor de boca.
Deja grato sabor de boca. (Especial)

México

Amor a la carta no es una historia de amor como cualquier otra: está resuelta con una maña dramática que lo primero que hace es fascinarnos por su abigarrada atmósfera, su bella heroína, el héroe entrañable y un final que nos deja boquiabiertos.

El planteamiento dramático se hace interesante por una simple equivocación, como sucede en cualquier parte del mundo: Ila prepara con esmero una comida para su esposo, pero el mensajero se equivoca y se la da a Fernandes, un tipo cincuentón, viudo e inconmovible por su amarga soledad, quien, al probar la comida le parece suculenta y cree que la hizo la cocina popular y hasta va a felicitarlos.

Al poco tiempo, Fernandes e Ila se dan cuenta del error y empiezan a mandarse recados entre la comida y los recipientes vacíos. Empieza un chateo en el que se platican asuntos personales, gustos y frustraciones; así, poco a poco, a partir de recados, nace entre los personajes el deseo de conocerse y una declarada atracción.

El trabajo de la estructura narrativa es tan bueno que nos sorprende por lo que sentimos, pues ya deseamos que se conozcan; el término "maña" es perfecto porque el autor nos inyecta ese deseo y estamos pendientes de su encuentro, sobre todo cuando conocemos al barbaján del marido, un tipo aburrido que no merece ni la esposa ni la hija que tiene, y además es infiel. Nos urge saber cómo el autor va a resolver el encuentro entre dos personajes tan diferentes.

Con la habilidad de un gran narrador, el autor sabe retardar lo que el espectador quiere ver y, cuando el encuentro parece inminente, lo evade de manera sutil, alargando una vez más el desenlace.

Amor a la carta deja un grato sabor de boca no solo por la comida sino por el manejo de los personajes y su estructura narrativa. En ese sentido, el autor debe aprender a moverse entre las ramas para no perder la atención del asunto principal; es exactamente como dice el discípulo de Fernandes: a veces se toma el tren equivocado, pero lleva a la estación correcta.

La metáfora es preciosa y en dramaturgia se vuelve emocionante porque el espectador se pregunta: ¿qué va a pasar, si todo es una equivocación? Ese es el acierto narrativo: Fernandes e Ila solo tienen que esperar llegar a la estación correcta.

La película tiene mucha carga sensual: verlos comer con los dedos, Ila espera en el café la llegada de quien podría convertirse en su amante, Ila oliendo la ropa del marido, etcétera. Son costumbres con la fuerza de engancharnos porque no sabemos qué puede pasar.

Amor a la carta (India, Francia 2014), dirigida por Ritesh Batra, con Irrfan Kahn y Nimkrat Kaur.