La crítica: Teatro: Lo que queda de nosotros

Lo que queda de nosotros, de Sara Pinet y Alejandro Ricaño, es, a mi gusto, uno de los mejores textos para público joven escrito en años recientes.
Obra de Sara Pinet y Alejandro Ricaño.
Obra de Sara Pinet y Alejandro Ricaño. (Pili Pala)

México

Ganadora del Premio Obra de Teatro para Niños 2014, que dan el INBA y el gobierno de Torreón, Lo que queda de nosotros, de Sara Pinet y Alejandro Ricaño, es, a mi gusto, uno de los mejores textos para público joven escrito en años recientes. Es un texto y puesta en escena que apela a espectadores de 10 años en adelante, que tuvo a mi hijo de ocho al borde de su butaca, con el corazón en la boca, su manecita en mi mano y mil preguntas al salir del teatro. El viaje emocional que nos proponen Ricaño y Pinet no es fácil y a algunos padres incluso les parecerá inadecuado: la muerte de los seres que uno ama, el abandono cruel de una mascota y, en el fondo, los duelos no resueltos.

El mejor teatro para niños en México lleva ya más de dos décadas preguntándose qué temas sí se pueden tocar a los niños. Y la respuesta ha sido: todos. Saltamos de un teatro que trataba como subnormales a los infantes a un teatro inteligente y confrontador, que genera muchas preguntas para llevar a casa, a veces terrorista con los padres, doloroso y divertido, agridulce, fuerte y tierno, que pone a todos (grandes y chicos) a hacer de tejedores de la trama porque no lo da todo digerido, como en películas de Disney, que sacude el alma y te hace morir de risa pero con una que es pensante.

La historia del perro Toto (Raúl Villegas) y de su dueña Nata (Pinet) se entreteje en una estructura de relatos paralelos en un constante ir y venir de tiempos que provocan un vértigo, un suspenso abrasador. Nata ha sufrido la pérdida de su madre cuando tenía nueve años, y ahora que es una adolescente su padre ha de desaparecer por una enfermedad terminal; ella lo creía inmortal. A Toto lo ha recibido como una manera terapéutica de superar la ausencia de su madre. Lo ha visto crecer a su lado y eso no impide que, rabiosa con la vida después de que su padre muere, lo abandone en un parque. Cuando al fin reacciona ante la crueldad de su acto sin sentido, lo busca desesperadamente. El perro lo perdona todo: desde su perspectiva, Nata es su mundo y le profesa amor incondicional.

La puesta en escena a cargo del propio Ricaño honra al texto y nos mete en ese vértigo y final agridulce con el apoyo de la música de David Ortiz y Ricardo Estrada que, sin ser protagonista, se vuelve imprescindible. La escenografía de Ricardo Ricaño e iluminación de Matías Gorlero dan a Lo que queda de nosotros el acento justo para que la historia esté en un primer plano y toque al espectador de cualquier edad en el centro del corazón. Si se la pierde, lector, cometerá un gran error.