La crítica: Teatro: Muestra Nacional de Teatro/Ags

Una, al menos en la Ciudad de México, debe ser la de sacar definitivamente a los teatros de hasta 300 butacas de la infame Ley de Establecimientos Mercantiles.
'Psico/embutidos: carnicería escénica'.
'Psico/embutidos: carnicería escénica'. (Especial)

México

Breve fue mi paso por la Muestra Nacional de Teatro que este año se realizó bajo los cielos hermosos de Aguascalientes. De los comentarios recogidos aquí y allá parece que fue una fiesta renovada, con una curaduría que tuvo sus altas y bajas, que se abrió a jóvenes de toda la República dándole un ambiente espléndido, más clínicas y mesas de trabajo donde la reflexión avanzó en algunos puntos y en otros quedó en punto muerto. Ejemplo de esto último fue la mesa sobre espacios independientes, en la que, pese a plantearse las enormes dificultades que padecen y la pertinencia indiscutible de su existencia, faltó dar un paso al frente y comenzar a construir propuestas importantes. Una, al menos en la Ciudad de México, debe ser la de sacar definitivamente a los teatros de hasta 300 butacas de la infame Ley de Establecimientos Mercantiles.

Poco pude ver de espectáculos pero al menos me referiré a dos que me parecieron interesantes: Sidra Pino, vestigios de una serie, del grupo Murmurante Teatro De Yucatán bajo la dirección de Juan de Dios Rath y Jorge Vargas, y Psico/embutidos: carnicería escénica, con la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana, bajo la dirección de Richard Viqueira (que se volvió un fenómeno con público durmiendo en tiendas de campaña para poder alcanzar cupo). En el primero asistimos a la consolidación de un discurso escénico. Murmurante va en un camino de un teatro antimimético que hinca los colmillos en fenómenos de la memoria, el biodrama y, finalmente, la política. En esta puesta desentraña la desaparición de una marca de gaseosas que fue parte de la vida cotidiana de los yucatecos. Este documento teatral deriva forzosamente en lo político porque el cierre de la refresquera implicó familias echadas a la calle, evasión de los dueños de sus responsabilidades legales y autoridades omisas.

Psico/embutidos... es otra genial propuesta de Viqueira, que elabora 20 microhistorias que al final serán una sola, sometiendo al espectador a una experiencia incómoda, divertida y dolorosa. Un espectador enfrenta a 20 actores desnudos, de uno en uno, escuchando fragmentos que habrán de conformar una historia mayor: la de los cuerpos enfrentados al paso inexorable del tiempo. Reflexión que comienza como un divertimento ha de tornarse brutal. Espero regresar pronto a describirla ampliamente cuando hagan nueva temporada.

Fe de erratas: me hace notar mi querido Sergio Ramírez que la cagué la semana pasada en esta columna al asumir que el Teatro Julio Jiménez Rueda está cerrado. La memoria hace jugarretas. Esperamos, pues, noticias de ese espacio.