La crítica: Teatro La Libertad… y otros

La barbarie del sexenio de gobierno de Javier Duarte, cuyo apoyo a la cultura fue precario, pega ahora en la inminente desaparición de un espacio escénico señero en Xalapa, Veracruz: el teatro La ...
Abraham Oceransky.
Abraham Oceransky. (Especial)

La barbarie del sexenio de gobierno de Javier Duarte, cuyo apoyo a la cultura fue precario, pega ahora en la inminente desaparición de un espacio escénico señero en Xalapa, Veracruz: el teatro La Libertad. Este edificio está a punto de desaparecer porque el predio donde se encuentra será vendido próximamente.

La cabeza del teatro La Libertad es Abraham Oceransky, un pionero en muchos territorios artísticos y de gestión. A él se debe el nacimiento de los teatros El Galeón, T y otros espacios culturales. El de La Libertad se construyó en un predio que el maestro renta desde 2009 al DIF estatal, que ahora reclama el inmueble para ser devuelto al Instituto de Pensiones del Estado, que lo pondrá en venta "por las circunstancias económico-políticas por las que atraviesa el estado veracruzano".

Ante la falta de voluntad para el diálogo de las instituciones involucradas, y ante la carencia de interés del Instituto Veracruzano de Cultura y del municipio de Xalapa, un grupo de teatristas elevaron una petición al secretario de Cultura (SC) federal, Rafael Tovar y de Teresa, para que intervenga a favor del proyecto autogestivo de Oceransky. Por comunicación de Antonio Crestani, director general de Vinculación de la SC, hemos sabido que Tovar y de Teresa ha dado órdenes para ayudar en la solución del conflicto.

El caso del teatro La Libertad se suma a muchas otras preocupaciones que tienen que ver con espacios escénicos; para ejemplo, varios botones: el Vizcaínas, de la CdMx, fue convertido en lo que se le solicitó a Miguel Ángel Mancera no hiciera: el recinto de su megamaqueta de la ciudad, y desoyó la solicitud de artistas de recuperarlo como teatro; el Blanquita, crucial en la memoria colectiva de la capital, vive una suerte incierta aunque hay rumores de que la Secretaría de Cultura local estaba en negociaciones con los dueños.

Un caso similar, pero en Querétaro, ocurre con el Teatro de la República, que desde 1917 se convirtió en mausoleo nacional, arrebatándole su carácter escénico. Los dueños del hermoso edificio decimonónico no han recibido la propuesta económica —se mencionaba en las páginas de este diario hace unos días— aunque yo sigo preguntando por el destino que se le dará porque será un despropósito que sea un museo y no recupere su carácter teatral. Y la lista sigue: urge desincorporar la red más grande de teatros que el IMSS opera mal y no le interesa. ¿Qué pasa con el teatro Casa de la Paz de la UAM, al que destinaron 20 millones de pesos para su reparación desde hace más de un año, sin que le hayan movido un ladrillo? La lista es larga...