La crítica: Teatro: FITB 2016 /y III

Cerró la edición 15 del Festival Iberoamericano de Bogotá, Colombia, una de las fiestas del teatro más grandes del mundo.
'La violación de Lucrecia'.
'La violación de Lucrecia'. (Javier Naval)

México

Cerró la edición 15 del Festival Iberoamericano de Bogotá, Colombia, una de las fiestas del teatro más grandes del mundo. Es una celebración escénica que convoca a países de los cinco continentes, que transforma la vida de la ciudad capital y genera una derrama económica impresionante por el turismo que atrae. Fiesta que provoca la discusión en torno a las corrientes estéticas actuales y que, al mismo tiempo, se vuelve en escuela de la que no solo disfrutan los teatreros colombianos sino los de la región, pues se desplazan de naciones colindantes y otros sitios más distantes para tomar talleres o escuchar conferencias de personalidades cruciales de la escena mundial.

Ya en sí es un lujo ver puestas en escena como el Boris Gudonov, de Peter Stein, o Un enemigo del pueblo, de Thomas Ostermeier (que logra no solo hacer contemporáneo un texto de hace casi 150 años sino que lo torna una discusión vigente para cualquiera de nuestros países donde la corrupción palpita y la verdad se puede desprestigiar y volver sospechosa), o el maravilloso Fausto de Tomaz Pandur (que Ramiro Osorio llevó a México hace poco más de 15 años cuando impulso al efímero y extraordinario Gran Festival de la Ciudad de México) al lado de grandes maestros de Latinoamérica.

Un agasajo asistir a la representación de La violación de Lucrecia para disfrutar de la actuación de la leyenda Nuria Espert, con sus 80 años y una memoria y capacidad física aún envidiables, bajo la dirección de Miguel del Arco. Irresistible se vuelve ver a esta mujer, que ha sido testigo de los procesos políticos y artísticos a lo largo de más de 60 años en España. Hubo propuestas de trabajo corporal como Hotel Paraíso, de Michael Vogel, de Alemania, por ejemplo, hablan de cómo la aparente simplicidad esconde detrás un rigor implacable.

De la presencia mexicana hemos escrito en entregas anteriores. De la colombiana es importante hablar porque, si bien es vasta y desigual, posee exponentes extraordinarios como Carolina Vivas, Víctor Viviescas, Manolo Orjuela, Fabio Rubiano, Tino Fernández, Juan Carlos Moyano, Cristóbal Peláez y los hermanos Abderhalden, por solo mencionar algunos de los incluidos en la programación de este año, que poseen lenguajes escénicos que perfectamente pueden representar a su país en cualquier festival del mundo.

De los montajes vistos, uno de los que más me impresionó fue Los incontados, de Heidi y Rolf Abderhalden, una síntesis perfecta del proceso que llevó a Colombia a la guerra, al narco, a la masacre de civiles y demás. Metáfora que debe ser vista en México con urgencia.