La crítica: Teatro: 'Brockenhaus' en traspatio escénico

El actor bajacaliforniano Manuel Domínguez emprende un unipersonal de alto voltaje que sostiene a los espectadores al filo de la butaca.
El actor Manuel Domínguez.
El actor Manuel Domínguez. (Especial)

México

A partir de un texto del dramaturgo y director Martín Zapata, el actor bajacaliforniano Manuel Domínguez emprende un unipersonal de alto voltaje que sostiene a los espectadores al filo de la butaca, en una reflexión sobre el mal que a todos nos habita. Brockenhaus es el título de este vibrante montaje que nos somete a una tensión que abona a la creación de una incomodidad creciente en la platea, nunca a la indiferencia. Porque ¿quién no vive en sí mismo la presencia de la partícula del mal? ¿Quién no carga en la propia espalda, de una u otra manera, al enemigo? ¿Quién no padece algún grado de autosabotaje o autodestrucción? Ahí está siempre ese otro yo, laborando afanosamente para malograr lo positivo. O esos otros yo, como decía Bataille. Porque yo somos muchos y eso es comprobable para cualquiera, en un día normal, por los cambios de temperamento, de estados de ánimo y hasta de registro lingüístico. Y no estoy hablando de ninguna esquizofrenia. El yo es múltiple y de eso va la obra.

Abel Brokenhaus es el último alquimista que ha decidido erradicar el mal de sí mismo para acceder desde la pureza al amor de Claudia, una jovencita que apenas está por convertirse en mujer. Abel ha realizado un sinnúmero de cirugías de cerebro y logró ubicar en qué parte exacta se halla la semilla del mal, la que detona sus peores sentimientos y pasiones. La decisión de matar a ese yo que puede estorbar a su alto cometido es entorpecido por el despertar de Caín, su álter ego malvado, "el lobo encadenado en el sótano", "su mitad silenciosa" que lo avasalla ruidosamente. Terminará asaltando la pureza de Claudia, quien se rinde ante el cuerpo de Abel habitado por Caín.

El riguroso trabajo de Manuel Domínguez pone el cuerpo y el alma en un constante ir y venir de Abel Brockenhaus a su infame otro yo, Caín, en un juego escénico muy sutil. Por momentos resulta difícil separar a uno del otro por la fineza con la que Manuel se desdobla en uno y otro.

No se pueden perder los miércoles a las 20:30 esta puesta en escena que se presenta en un joven espacio que requiere de todas las simpatías: Traspatio Escénico (en la calle de Saltillo 134, muy cerca del Metrobús Escandón y del Metro Patriotismo). Este nuevo foro, ya con poco más de un año esforzándose por salir adelante pese a las continuas persecuciones delegacionales y demás, es manejado por las emprendedoras teatreras Sarah Borbón y Dafne Dulac, quienes buscan generar un cambio en la ciudad a partir de la apertura de espacios culturales autogestivos que sean una alternativa a la cultura oficial.