La crítica: Sumergirse en sueños

Es interesante leer en el primer tomo de su autobiografía que de niña, al caminar por las noches en Rodesia o más tarde en Londres, nunca tuvo ninguna sensación de peligro.
La premio Nobel con Philip Glass.
La premio Nobel con Philip Glass. (Especial)

México

Doris Lessing dijo que aunque era escritora, bien podría haber sido doctora o granjera, y que incluso su madre quería que fuera música. Autora que abarcó un vasto campo temático, no sorprende que haya colaborado con Philip Glass en los libretos de dos óperas basadas en sus novelas, aunque al principio tuvo problemas para entender su música. Sus gustos musicales pueden constatarse en una entrevista de la BBC en torno a sus discos para una isla desierta, que incluyeron a Cleo Laine, Bing Crosby, Louis Armstrong, Philip Glass, Bach, Mozart, el Early Music Quartet y música de tambores.

Es interesante leer en el primer tomo de su autobiografía que de niña, al caminar por las noches en Rodesia o más tarde en Londres, nunca tuvo ninguna sensación de peligro: “No creo que lo que ha sucedido en nuestras ciudades —y en el campo también— tenga mucho que ver con la complexión política o racial de los gobiernos. Algo más está ocurriendo. ¿Qué? ¿Qué es?”, se pregunta.

Su “loca hipótesis” —como ella misma la califica— que, dice, “está encaminada al ridículo”, plantea lo siguiente: “¿Es posible que nos estemos envenenando nosotros mismos con música? Mis contemporáneos de la adolescencia en adelante, escuchábamos música de baile, noche y día, y toda era romántica o sentimental. Anhelaba, deseaba, extrañaba, necesitaba y, también, esperaba en algún lugar, en algún tiempo, una promesa que se había hecho. Algún día te encontraré… Nos sumergíamos en sueños”.

La música ha cambiado tanto, y se toca a un volumen tan fuerte, agregaba, que “tienes que escucharla con los nervios”. Contaba que una vez tuvo que dejar una fiesta porque “literalmente me estaba enfermando”. Una mujer, al ver su reacción, le comentó: “Pero si este tipo de música no la escuchas con los oídos, la oyes con todo tu cuerpo, la escuchas con los nervios”. Lessing recordaba que “durante miles de años los chamanes han usado la música para crear ambientes especiales, los jóvenes son preparados para matar con marchas excitantes, las iglesias usan música inspiradora para mantener sus rebaños unidos y se sabe que los verdaderos maestros espirituales usan música, pero es algo tan delicado que tienen que ser usada con cuidado (…) Pero nos inundamos con música, de todo tipo, nos empapamos con ella; con frecuencia la alimentamos directamente al cerebro con máquinas diseñadas para este propósito, pero nunca nos preguntamos siquiera qué efecto podría tener. Bueno, yo creo que es tiempo de que nos preguntemos”. La pregunta sigue en el aire.