La crítica: Símbolos transparentes

Promocionada como la “edición definitiva”, circula nuevamente la novela del hidalguense Gonzalo Martré (1928), Los símbolos transparentes.
Gonzalo Martré, "Los símbolos transparentes", Alfaguara, México, 2014, 428 pp.
Gonzalo Martré, "Los símbolos transparentes", Alfaguara, México, 2014, 428 pp. (Especial)

México

Promocionada como la “edición definitiva”, circula nuevamente la novela del hidalguense Gonzalo Martré (1928), Los símbolos transparentes. Esto a treinta y seis años de que se editara en el sello V Siglos (desparecido), y de también efímeras y restringidas versiones a lo largo de los siguientes lustros. Sucesos que la convirtieron pronto en una obra de culto, como también su contenido y estructura, sin dejar de lado la leyenda que la que la ubica como una de las novelas más censuradas del México contemporáneo.

De lo último da cuenta el prefacio de Carlos Gómez Carro (investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana), como en su momento lo hiciera un reducido grupo de periodistas culturales que siguieron el curso de esta obra, finalista de la segunda versión del llamado Concurso de Novela México 1974, que convocado por la editorial Novaro (capitaneada por Luis Guillermo Piazza) suponía su inmediata publicación. (La obra ganadora fue Estas ruinas que vez, del guanajuatense Jorge Ibargüengoitia).

A Los símbolos transparentes se le inscribe en la saga narrativa escrita desde y a partir de los acontecimientos del año 68 y su día más trágico, el 2 de octubre. Tiempo además recreado en todas las artes, como considerado para la conformación de un nuevo país. No resulta extraño que el novelista hidalguense haya titulado así esta obra, que incluye epígrafe de Octavio Paz donde se habla de aquella tarde, aquella historia, cuando la visión fue sobrecogedora porque los símbolos se volvieron transparentes.

La novela recrea los días más significantes del movimiento e incorpora personajes de entonces (la juventud, los estudiantes), alternándolos con los de la élite política y de los medios de comunicación —plenamente identificables entonces y ahora. Pero no se detiene ahí sino y se prolonga a las secuelas de la rebelión libertaria: la opción de la lucha armada y las que Gómez Carro identifica como las réplicas de la represión, específicamente la respuesta gubernamental a la manifestación, también estudiantil, del 10 de junio de 1971.

Tras Los símbolos transparentes, Martré escribió (lo sigue haciendo) una veintena de obras narrativas (también en editoriales alternativas y no estrictamente comerciales) que conforman (de manera más que probada) un estilo y unos temas seguramente afincados en él producto de esa fuerte censura a su más importante novela.

Fuera de cualquier circulación las ediciones anteriores, resulta un gran beneficio para los nuevos lectores esta nueva entrega de Los símbolos transparentes (Alfaguara), precursora de la narrativa sesentayochera.