La crítica: "Satisfaction"

Carmen Zavaleta ha ido aún más lejos estrenándose como dramaturga con la obra "Satisfaction".
Inmensa honestidad.
Inmensa honestidad. (Carlos Alba)

No es una omisión en mi nota de la semana pasada sino la atención a un reclamo: sobre el Centro de Estudios para el Uso de la Voz (Ceuvoz), efectivamente, la cantante Margie Bermejo fue una de sus fundadoras. Resulta una pena que no se entendiera que la nota ni era un repaso histórico ni tampoco un homenaje a las decenas de personas que han hecho de ese centro de estudios de la voz la maravilla que es. Si accedo a hacer esta aclaración es por el cariño que le tengo a Margie (quien no me lo pidió).

Entrando en lo que la semana pasada me ha dejado sacudido en el alma, debo decir que a Carmen Zavaleta la conozco mucho más como crítica y periodista teatral que como actriz (aunque la he visto en un par de ocasiones). Ahora ha ido aún más lejos estrenándose como dramaturga con la obra Satisfaction, que parte del relato de una mujer (Sara) que ha sufrido un abuso sexual en este país en donde hasta los hombres más liberales tienen (tenemos) actitudes machistas. El texto es una sacudida emocional de la cual pocos pueden salir ilesos. Golpea fuerte por la vía de la anagnórisis, sí, pero en este caso el proceso de identificación es con la víctima.

"Comer llena todos los huecos del cuerpo y del alma", dice Sara, quien desde pequeña libra una batalla con su cuerpo, con esa carcasa con la que no solo no se siente cómoda sino que le estorba y detesta. Por ello y por las frustraciones por el rechazo masculino que comienza con el del propio padre, inventa técnicas industriosas para comer los pastelillos también de mi infancia: los Pingüinos. Uno tras otro son devorados como si se tratara de un ganso al que preparan para hacerle estallar el hígado que se convertirá en un extraordinario foie gras. Así, si a Sara no le gusta su cuerpo, ha de deformarlo aún más con ese atragantarse de lo que sea para odiarse más aún, devastarse a pesar del deseo de redención en contradicciones bien construidas por la actriz-dramaturga.

La estructura que plantea Zavaleta en la línea del tiempo se construye en el mestizaje entre lo narrativo y lo dramático, generando momentos chuscos que nunca se vuelven facilones. Por el contrario, su humor, así como algunos toques de inocencia, siempre se ven atravesados por la acidez, la negrura y, a fin de cuentas, una inmensa soledad. Algunas cosas menores de actuación y dirección podrían redondear el montaje, que en muchos sentidos parece aún levantado con alfileres. Lo que es brutal, y por lo que no debe perdérselo, es por la inmensa honestidad desde donde se dice.

Satisfaction es escenificada en la sala Novo del Teatro La Capilla, Madrid 13, Coyoacán, los jueves a las 20:30.