La crítica: Rulfo recargado

La Fundación Juan Rulfo lanza un paquete tricolor con El Llano en llamas (en pasta verde), Pedro Páramo (en blanco) y El gallo de oro (en rojo).
'El llano en llamas/Pedró Páramo/El gallo de oro'. Juan Rulfo. Editorial RM &  Fundación Juan Rulfo. México, 2016.
'El llano en llamas/Pedró Páramo/El gallo de oro'. Juan Rulfo. Editorial RM & Fundación Juan Rulfo. México, 2016. (Especial)

El 7 de enero se cumplieron 30 años de la muerte de Juan Rulfo; y el 16 de mayo de 2017 se celebrará el centenario de su nacimiento. Como un primer arranque de un periodo conmemorativo, la Fundación Juan Rulfo lanza un paquete tricolor con El Llano en llamas (en pasta verde), Pedro Páramo (en blanco) y El gallo de oro (en rojo), con los textos establecidos por ellos. Los dos primeros títulos van desnudos, sin aparato crítico alguno (más allá de lo que se apunta en contraportada y solapas); y el tercero incluye apoyos ensayísticos de José Carlos González Boixo, Douglas J. Weatherford y Dylan Brennan (quien se ocupa de La fórmula secreta).

Se duda entre los especialistas del valor literario de estos últimos textos, escritos originalmente para el cine; la propuesta de la Fundación es que El gallo de oro debe ser considerada como la segunda novela de Rulfo, asunto que los lectores deben sopesar. Esto va a contracorriente de la imagen estática de un autor que, según la historia más repetida, concentró sus esfuerzos en 17 relatos magistrales y una novela poderosa (por el tema del cacique, figura que lastimosamente perdura en la sociedad mexicana, y por la concentración narrativa aún asombrosa e irrepetible) de extensión media. Mas ese paso de Rulfo por la cinematografía sigue siendo un territorio arduo de trazar. Quizá lo que sobresale es que de Pedro Páramo a El gallo de oro el estilo varía, pues en este caso pensaba más bien en algo que debía ser llevado a la pantalla.

En nuestro país, las obras artísticas sobresalientes suelen ser administradas por el Estado, quien las incorpora al paisaje oficial y diseña los grandes homenajes. La Fundación Juan Rulfo ha marcado sus límites con las autoridades culturales, lo que no siempre ha sido bien visto. Ha creado así una suerte de trinchera desde la que se batalla contra los malentendidos (por ejemplo, el cuento de las ayudas a Rulfo para terminar Pedro Páramo, como si no hubiera tenido las herramientas intelectuales para hacerlo) y se apuesta por una valoración integral del jalisciense como narrador, fotógrafo e incluso traductor.

La vigilancia rigurosa de todo lo que se escriba sobre Rulfo, o tenga que ver con él, ha sido criticada; otros miran esto solo como una exigencia de rigor. Lo que actúa en defensa de la Fundación son sus ediciones; las más recientes, de hechura impecable y enormemente útiles: Pedro Páramo en 1954 (2014), Pedro Páramo 60 años (2015) y En los ferrocarriles (2015) y debe apreciarse la constancia con la que se reedita, y traduce, la obra narrativa, el centro de ese laberinto. Todo esto da al personaje un sitio singular en el mapa literario mexicano.