La crítica: Redistribución violenta

La violencia indiferenciada que hoy reina es un producto histórico concreto.
Testimonio para entender
(Especial)

México

Una de las principales enseñanzas de Karl Polanyi es que, ante todo, los sistemas económicos consisten en formas de entender el mundo y las relaciones de los hombres con la naturaleza y entre sí, y las realidades concretas que producen son en cierto sentido una consecuencia de esa cosmovisión ontológica. En ese sentido, las formas de transgresión como el crimen son consecuencias directas y forman parte del propio sistema.

En su libro Breve historia del neoliberalismo, David Harvey menciona casi de pasada que, para la inmensa masa que por definición está condenada a una existencia paupérrima bajo este sistema económico, la “redistribución mediante el crimen” es una de las pocas opciones que se tiene para participar de la riqueza de las clases dominantes. Si pensáramos la espeluznante violencia que se vive en el México contemporáneo bajo esta clave, quizá podríamos comprenderla de una manera que trascienda el maniqueísmo que considera que es simplemente producto de grupos malvados que atentan contra la sociedad decente. Y es que si bien las decapitaciones, las imágenes de adolescentes que se toman fotos con sus celulares mientras muerden los dedos cercenados de sus víctimas o los videos donde torturan y matan a militares producen un horror tal que es fácil considerarlos simplemente actos de individuos malignos y trastornados, lo cierto es que existe una importante correlación entre la violencia, la desigualdad y la pobreza de las sociedades en las que se produce. No es que los noruegos sean una raza inherentemente pacífica y ordenada, mientras que los mexicanos seamos bárbaros y violentos de por sí. La violencia indiferenciada que hoy reina es un producto histórico concreto, influida por factores como el hecho de que la sociedad mexicana sea una sociedad de castas, así como por la enorme necesidad estadunidense de drogarse para combatir la ansiedad existencial que retratan escritores como William Gaddis. Testimonios como Los hijos de Sánchez, México bárbaro, Los olvidados y muchos más permiten comprender con facilidad la elección de millones de jóvenes que deciden sumarse al crimen organizado como única vía para participar de lo que esos otros más pudientes llaman vida.

La violencia que se vive hoy es sistémica y ni el Ejército o policías más mortíferos podrán erradicarla, pues la única manera consistiría en empezar por incluir en la sociedad a los descastados históricos que llevan siglos siendo una nota al margen, que generalmente solo es tomada en cuenta cuando se hace notar por la fuerza.