La crítica: Prodigio

Mecanismos establecidos para engañarnos y complacernos, nos cuenta María Emilia Chávez Lara en Estética del prodigio, un libro lleno de revelaciones.
María Emilia Chávez Lara, "Estética del prodigio", Cal y Arena, México, 2016, 140 pp.
María Emilia Chávez Lara, "Estética del prodigio", Cal y Arena, México, 2016, 140 pp. (Especial)

Igual que la vida, cuando se asume con libertad o en la búsqueda de ella, la magia está llena de espejos. Son parte fundamental para ambos casos. Mecanismos establecidos para engañarnos y complacernos, nos cuenta María Emilia Chávez Lara en Estética del prodigio, un libro lleno de revelaciones.

Algo que (buena historiadora que es) logra como sin proponérselo. A la manera de la suerte de naipes y ese susurro que pone en su lugar cualquier alharaca. Magia al fin. Visto y no visto. Escritura que al rozar tópicos olvidados o guardados en el cajón de la charlatanería trasciende sus fronteras —ensayo, biografía, artículo periodístico— y se coloca en el sitio exacto de la literatura. La que contiene, también como la vida y la magia, muchos espejos.

Libro donde las imperfecciones, insignificancias, horrores y descubrimientos tienen un lugar para su recreación, Estética del prodigio pareciera basarse en una premisa. La del asombro. La de los múltiples asombros, una vez incorporados los espejos, y que sólo será nombrado por la autora en las últimas páginas. Una vez completado el recorrido por aventuras y prodigios, ejercicio este sí acumulativo, pero también por las cuestiones más insignificantes, identifica Chávez Lara.

Cansados de escuchar (sin entender cabalmente) eso de que la vida está hecha de detalles y que la piel es el órgano más grande del cuerpo humano, los lectores tienen puerta abierta en este libro para hacer suyos los componentes de las verdades de humildad. Sin dejar fuera al azar, negación de la regla, terreno donde surge la misma magia. El prodigio. Sin importar hacia dónde dirijamos nuestra mirada.

Muchas experiencias descubrirá el lector. Visuales (un Julio Ruelas ilustrando el poema de Amado Nervo "Tritoniada" con una bella sirena), místicas (médiums que resucitan personas), teratológicas (organismos animales y vegetales anómalos y monstruosos) o tecnológicas (hábitos diarios a los que ya nos estamos acostumbrado).

"Un mago que se precie de serlo —leemos—, ayudado por cabinas con juegos de espejos —–distorsionados o no—, sitúa a su público dentro de múltiples espacios en una sola temporalidad. Ante las imágenes infinitas de nosotros mismos, nos desdoblamos y sólo el tiempo —que permanece estable— nos mantiene unidos; así, quien es reflejado piensa en el lugar que ocupa en el mundo; deja de pensar sólo en ser, para pensar también en dónde y cuándo".

Así podría resumirse lo expuesto por Chávez Lara en Estética del prodigio.

Pásele usted, desde su condición efímera, a descubrir asombros y maravillas. O como uno, desde la experiencia de la simultaneidad —nacimientos y muertes, conductas e ímpetus, socorros y traiciones— que se repite y repite.

Llegó la hora de "compartir el pan, el sol, la muerte, / el olvidado asombro de estar vivos" (Octavio Paz, Piedra de sol).