La crítica: Preguntas demenciales

La conclusión orientada por el paradigma 
Samuel L. Jackson.
Samuel L. Jackson en Pulp Fiction. (Especial)

México

En su libro La era de la revolución, Eric Hobsbawm comenta que si bien los avances científicos y tecnológicos por una parte se desarrollan mediante un proceso autónomo, a la vez es innegable que se encuentran influidos por los procesos sociopolíticos. Con gran agudeza, señala especialmente que las respuestas responden también al tipo de preguntas que se hacen, es decir, que los paradigmas, supuestos o teorías sobre los que se funda el conocimiento orientan de manera importante las conclusiones alcanzadas.

Si trasladáramos esto a la economía y política actuales, veríamos que la realidad que padecemos proviene en buena medida de las respuestas que se dan a las preguntas que al parecer estructuran la vida individual y en sociedad. Pensemos por ejemplo en rasgos definitorios de nuestro tiempo como la mercadotecnia, el management y el culto a la propia imagen personal. ¿Cuántas horas, profesores, estudiantes, libros de texto y demás parafernalia se dedican en cientos de universidades de vanguardia por todo el mundo a encontrar métodos para incrementar los beneficios, para abatir costos, para encontrar formas novedosas de persuadir a la gente de comprar aquello que por estricta definición no necesita? ¿Qué pasaría si ese ejército dedicara todo ese empeño a responder otro tipo de preguntas, pero que tuvieran como fin algo situado un poco más allá del bienestar y la ganancia individual (o, si se quiere, del bienestar de ese trasunto moderno del individuo, las empresas, a las que ya varios políticos abiertamente defienden como si también fueran seres humanos con derechos propios)?

Igualmente, en términos políticos, ¿qué pasaría si todo el andamiaje propagandístico de la democracia electoral, con la obsesión por la mercadotecnia política, la imagen de los candidatos, el lobbying, la idea de que el voto es el único acto político relevante, etcétera, se dedicaran más bien a intentar resolver cuestiones políticas que trascendieran a la estructura con la que se recubre la toma de decisiones como tal? Quizá el empobrecimiento de la realidad política pasa en buena medida por las respuestas que damos a aquellas preguntas que parecieran ir por delante de las que conciernen al bienestar de la sociedad como tal, más allá de los dogmas liberales que condenan a millones a la miseria y la exclusión perpetuas. En esta medida, nuestra realidad responde a lo que le dice el personaje de Samuel L. Jackson al de John Travolta en Pulp Fiction: “Vincent, if my answers frighten you, then you should cease to ask scary questions”.