La crítica: Perfume de humedad

La realidad es mucho más matizada. Se escucha con el cuerpo todo, mientras el dibujo nos comunica su pulso bailable.
"La borrachera". Vals para piano, de P. Jiménez.
"La borrachera". Vals para piano, de P. Jiménez. (Especial)

Mucho antes de los multimedia, música e imagen se fundían en la sinestesia consustancial a la percepción humana, así como en la metáfora con la que todos discurrimos. Sinestesia y metáfora: cara y cruz de un mismo estar vivo. La soprano de coloratura viste bellas tonalidades. Los “cinco sentidos” no representan más que un recuento somero de órganos externos. La realidad es mucho más matizada. Se escucha con el cuerpo todo, mientras el dibujo nos comunica su pulso bailable.

Puestos a enumerar los seis elementos emotivos de esta gráfica, lo haríamos, por tanto, en términos de masa, color, espacio, ritmo lineal, claroscuro e inclinación del plano, todos los cuales tienen su traducción en los pentagramas tras la carátula. En su Conceptos fundamentales de la historia del arte, distingue Wölfflin entre las fuerzas externas de carácter social y las internas por las que nuestros modos de aprehensión y representación evolucionan de acuerdo con su propia dinámica. Y es así como estas portadas nos vienen a ilustrar acerca de la historia social del país, sin duda, pero también sobre las simbiosis fundamentales entre música y artes visuales. Por lo externo, La borrachera porfiriana es asunto exclusivo de gente decente, sin asomo de indiada ni de otras lacras, pero por lo interno, el dibujo mismo marca el compás circular del vals de “hacer rodar”. Todo participa del rapto, hasta el propio grafismo, que busca apoyarse en el farol tambaleante. Pieza tocada con abbandono spiritoso.

Interesante en relación con estos productos es la diferencia precisada por Goodman entre las artes autográficas y las alográficas. Si alguien nos presentara un ejemplar de esta portada ebria, la única manera que tendríamos de establecer su condición de “auténtico” o “falso” sería averiguando su relación histórica con la matriz original: la estampa es un arte autográfico. El vals, en cambio, no se puede falsificar. Toda ejecución que sea conforme con su notación prescriptiva será tan auténtica como la primera. La música, según eso, sería alográfica. Pero no se reduce ella a unas hojas pautadas. ¿Lo olvida acaso Manuel M. Ponce cuando afirma que “compositores como Lara los hay por todo el mundo”? La adopción de renglonaduras igualmente generales nos permitiría afirmar otro tanto del autor del Conciertodel sur. Nada. Como el Flaco, ninguno.

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Partituras ilustradas mexicanas. Un tesoro inaudito. Museo del Estanquillo. Hasta el 28 de abril de 2014.