La crítica: Pepe Monleón, una leyenda

Fue hasta ese encuentro que Pepe Monleón y yo decidimos adoptarnos en una amistad que nunca dejó de alimentarse a punta de correos electrónicos y en escasas visitas a su piso de Madrid. 
Viejo Quijote, guerrero de mil batallas.
Viejo Quijote, guerrero de mil batallas. (Especial)

Conocí a Pepe Monleón por ahí de 2003 o 2004, en un encuentro de revistas teatrales realizado en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, España. Antes había visto su alta figura en alguno de los festivales que en la Ciudad de México organizó el gestor incansable Ramiro Osorio en los años ochenta. Pero fue hasta ese encuentro que Pepe y yo decidimos adoptarnos en una amistad que nunca dejó de alimentarse a punta de correos electrónicos y en escasas visitas a su piso de Madrid. Amén de escribir en la revista Paso de Gato, generosa e incondicionalmente fue un defensor del joven proyecto editorial cuando atravesó por dificultades de las que parecía que no saldría. Desde que estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en los años ochenta del siglo XX, uno de los referentes obligados para los estudiantes de teatro era la revista Primer Acto, de España, fundada por Pepe en 1957. El otro referente obligado, desde Cuba, era Conjunto, de Casa de las Américas. Podríamos decir que eran, y son, el papá y la mamá de las revistas teatrales iberoamericanas: punto de encuentro, puente entre teatralidades (idiosincrasias), de donde bebíamos sin saciarnos los aspirantes a profesionales.

Lejos estaba, en esos años de estudiante, de pensar que los caminos del teatro me llevarían a los de editor y a codearme con ese viejo Quijote que fue Pepe Monleón, guerrero de mil batallas: desde la resistencia al franquismo con las obras que dirigió y escribió, hasta la labor incansable de modernizar el teatro español, que poseía tufo a miriñaque rancio bajo la bota militar. Y su edad nunca pesó en su espíritu joven que supo reconocer en el ácrata Rodrigo García, por ejemplo, una tendencia renovadora que defendió a capa y espada desde los primeros montajes del argentino-español. Siempre protegió las iniciativas jóvenes como propias, y por eso adoptó a Paso de Gato y a quien esto escribe, y se entusiasmó por el teatro mexicano, tanto como lo estuvo por el latinoamericano y el de otras latitudes.

Fue fundador del Instituto Internacional de Teatro del Mediterráneo (IITM) en 1991, y dirigió el Festival Internacional de Teatro Madrid Sur. Su trabajo teórico marcó la escena de la segunda mitad del siglo XX en nuestra lengua: 30 años de teatro de la derecha (1971), García Lorca (1974), El teatro del 98 frente a la sociedad española (1975), América Latina. Teatro y revolución (1978), Teatro de urgencia y Romancero de la Guerra Civil (1979), y Poética y política de cuarenta años de teatro español (1990). Nació en Valencia el 31 de enero de 1927 y falleció el pasado día 15 en Madrid. Descansa en paz, querido Pepe.