La crítica: Niebla y Resistencia

Se trata de un recorrido psicogeográfico que logra la resignificación del recinto, así como la activación afectiva de su verticalidad.
Colectivo Campo de Ruinas.
Colectivo Campo de Ruinas. (Luz María Carmona)

México

Despliega el régimen muchas armas para tenernos quietos. Noche y niebla. Impunidad sistémica. “Coadyuvancia” del enemigo en casa. “Cultura” corporativa y gubernamental montada de espaldas al horror. En el Museo del Chopo, del jueves al domingo de la semana pasada, se realizó una nueva etapa de un proyecto encaminado a asestar, desde la trinchera del arte, otro golpe de zapador contra el arsenal.

Antes que “exploración escénica”, búsqueda de vidas arrancadas y de los arbitrios capaces de devolverles su presencia por medio de la nuestra.

Quien busca se desplaza y aquí se trata de un recorrido psicogeográfico que logra la resignificación del recinto, así como la activación afectiva de su verticalidad. Anexo, jardín, escaleras, sótano, pasillos, áreas de servicio van modulando la recepción de los testimonios.

El arte, decía León Ferrari, no será ni belleza ni novedad, sino eficacia y perturbación, impacto equivalente al del atentado político en un país que se libera. Pero entonces, ¿quedan eximidos de toda crítica de arte los proyectos de combate social?

En absoluto. Tanto la novedad como la belleza siguen desempeñando un papel fundamental dentro de esta estética incorporada de forma inextricable al programa político. Inútil sería que el artista suprimiera su pericia específica en la disposición de signos y experiencias capaces de sacudir.

Si poco tiene de incendiaria esta pieza colectiva, revela en cambio una gran inteligencia artística. Si alguna vez incurre en cierta redundancia sentimental, muestra por otra parte un dominio notable del montaje rítmico y de la polisemia objetual. Es la gotera hemorragia de casa trastornada, a la vez que suero vital de la constancia.

Teatro invisible del miedo inmanente: tú que andas por ahí en bicicleta, cuidado. Sube y baja la angustia por las cifras dementes de la desaparición, esa magia barata que pretende fascinarnos. Y otro más que ya no está. El baile de la muerte viste máscara animal y si Antígona dio la vida por enterrar al hermano, henos aquí depositados de golpe en el proscenio de un teatro reversible, espectactores de cara a unas butacas que son otras tantas lápidas iluminadas apenas por las lámparas votivas. Y el auditorio de ausentes nos pide eso: que actuemos ya. 

 

• • •

 

¿Qué estamos haciendo los jóvenes para desaparecer? Colectivo Campo de Ruinas. Jueves y viernes a las 20:00 horas del 30 de enero al 21 de febrero en el Teatro Carlos Lazo, Facultad de Arquitectura, UNAM.