La crítica: Música: El cambio continuo

En un mundo plagado de músicos que siguen los dictados de la moda, David Bowie trazaba sus propios caminos, que no pocos pretendían copiar.
“Quiero ser un súper humano”.
“Quiero ser un súper humano”. (Especial)

México

Alguna vez aspirante a mimo y saxofonista de jazz, David Bowie terminó por encarnar en el rock —y en el cine— a tantos personajes que, ahora que ya no está entre nosotros, resulta difícil elegir al favorito. Todos tenían su encanto, ejercían su repulsión. En un mundo plagado de músicos que siguen los dictados de la moda, él trazaba sus propios caminos, que no pocos pretendían copiar.

Esteban Leivas califica esta necesidad de cambio en una frase de su libro Bowie (Ediciones Júcar, 1980): "Las mil y un personalidades en la búsqueda de una personalidad". El autor cita luego al propio músico, quien dijo: "Me di cuenta de que el hombre no es un mecanismo muy inteligente y decidí que yo sería el cambio continuo (...) Yo no quedo con una cosa mucho tiempo. Realmente me gusta estar en movimiento todo el tiempo, siento que vivo". En otras declaraciones aseguraba: "Lo que hago es muy sencillo: es solo que mis elecciones son muy diferentes de las de otras personas".

Tales elecciones le permitieron significar algo para muchas generaciones, que lo mismo cayeron bajo el embrujo de Ziggy Stardust, quien tuvo una vida ascendente desde la aparición del disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, en 1972, que The Thin White Duke, un Bowie totalmente acicalado que dejaba atrás la incendiaria cabellera y el maquillaje futurista.

Hay quienes dicen que se ha reunido con Major Tom, el astronauta que vivió desde 1969 —el mismo año en que el hombre llegó a la Luna— en la canción "Space Oddity", una de las más solicitadas en sus conciertos. Cosas de la fama —tema de otra de sus canciones, "Fame" —, la versión del astronauta Chris Hardfield ha sido visto más de 27 millones de veces en YouTube.

O tal vez se ha convertido, otra vez, en Aladdin Sane —juego de palabras con A Lad Insane, un cuate desquiciado—, a quien recordó con afecto en la conferencia de prensa celebrada en México antes de su concierto en el Foro Sol en 1997. Habrá retornado, acaso, al reino de los duendes como Jareth, el personaje de la cinta Laberinto, o al mundo de los vampiros, como John en El ansia.

Se va justo cuando celebrábamos la aparición de su nuevo disco, Blackstar, un gran epitafio musical. Allí, en la canción "Lazarus", nos advertía: "Vean arriba, estoy en el cielo, tengo cicatrices que no pueden ver. Asómate aquí, hombre, estoy en peligro, no tengo nada que perder". Debemos creer, mejor, en sus palabras cuando declaró: "Siempre tuve una necesidad repulsiva de ser algo más que humano y pensé: al diablo, quiero ser un súper humano".