La crítica: Mujeres marginadas

"Paraíso: amor" es una tragicomedia que parece documental por sus largas tomas cámara en mano siguiendo al personaje y planos de desarrollo.
Fuerte sentido de la ironía y de la tragedia.
Fuerte sentido de la ironía y de la tragedia. (Especial)

México

Una película puede durar dos horas y mantenernos pegados a la pantalla sin necesidad de valerse de la sobada retórica de que los sucesos están basados en hechos reales, y salir del cine con una verdadera reflexión sobre la problemática que plantea.

Así es Paraíso: amor, una tragicomedia que parece documental por sus largas tomas cámara en mano siguiendo al personaje y planos de desarrollo donde los personajes se sienten autónomos; y tiene la fuerza de involucrarnos en la ficción del personaje principal, que puede ser cualquiera de nosotros: Teresa, mujer de 50 años, quien trabaja en una institución para enfermos mentales. En sus vacaciones, junto con otras amigas de la misma edad, hace un viaje a las playas de Kenia con la finalidad de ligarse a jóvenes nativos para que les den amor y sexo. Teresa no tarda en darse cuenta de que estos jóvenes esperan una oportunidad para sacarles la mayor cantidad de dinero.

Al principio es una aventura: las europeas rubias, bien arregladas con dinero, pero gordas y pasadas de edad, tienen el poder para manejar a los negros africanos y conseguir lo que desean. La secuencia donde Teresa explica a Munga cómo debe acariciar sus pechos es de una erotismo lleno de frescura y gracia; sin embargo, cuando llega a Youssef y pide que le haga sexo oral y este se niega, descubrimos lo que hay en el fondo: una amargura que duele y da escalofrío, por lo que da lástima.

La película tiene un fuerte sentido de la ironía y de la tragedia porque todo el conocimiento de una vida margina, excluye y muestra que también se es víctima de una gran enfermedad: la desigualdad, y esta no puede curarse.

Paraíso: amor no es una representación de lo real, sino trata, con toda la intención, que produzca una sensación dialéctica: primero el divertimiento, pues de eso trata la sexualidad; después la amargura incómoda que produce la edad, y que es la que toca las partes sensibles del naturalismo, ya que ahí está la insatisfacción que solo incrementa la desesperanza, una condición de marginados.

Las mujeres en Paraíso: amor son personajes que la edad ha puesto al margen y no les queda otra alternativa que seguir pagando para jugar con las reglas en su contra, como si se tratara de la venganza de los africanos. La marginación es horrenda pero incontrovertible, una cadena en nuestras vidas; el autor la plantea desde la primera secuencia, que resulta impresionante por las connotaciones de los carritos chocones como un enjambre de neuronas que se agreden unas a otras sin ton ni son.

Paraíso: amor (Austria, 2012), dirigida por Ulrich Siedl, con Margarete Tiesel y Peter Kazungu.