La crítica: Melodías del alma

En la Escuela Superior de Música me encontré con formas ya creadas y la música que estudiaba no resonaba con lo que yo necesitaba.
Dora Juárez Kiczkovsky.
Dora Juárez Kiczkovsky. (Especial)

México

Poco recuerda Dora Juárez Kiczkovsky de su niñez en Israel, pero a su memoria acuden canciones tradicionales que sus abuelos cantaban y que, dice, “son como esas melodías que se van quedando en el alma y te provocan emociones muy fuertes”. Esas melodías reviven en Cantos para una diáspora, disco que contiene canciones sefaradíes en las que están presentes la muerte y la vida, el amor y la guerra.

Estudiante de canto clásico que algún tiempo se dedicó a la ópera, Dora siempre buscaba “escapar del repertorio operístico e irme hacia la música antigua y a la experimentación. Uno anda rodeado de información y de muchos espejismos que te dicen cómo debes hacer las cosas para entrar en el mundo. En la Escuela Superior de Música me encontré con formas ya creadas y la música que estudiaba no resonaba con lo que yo necesitaba. No me hallaba en la ópera ni en el modo de impostar la voz. Andaba como a tientas, buscando generar algo que fuera nutritivo para mí”.

Integrarse al grupo vocal Muna Zul le dio la posibilidad de “jugar y experimentar con la voz. El grupo se desarrolló entre los pasillos de la Escuela Superior de Música, donde desarrollamos cosas a partir del juego y la improvisación, entendida como dejar salir eso que quiere salir, más allá de la forma”.

El disco, afirma Juárez Kiczkovsky, “viene de una sed de reconectarme con algo que estaba muy lejano. Tenía la necesidad de conectarme con mi árbol genealógico. Yo vengo de una diáspora de muchas generaciones: mis bisabuelos salieron de Europa del Este, llegaron a Argentina, y luego mis padres se exiliaron en Israel, donde yo nací, para luego viajar a México. Con la música quería reconectarme con mis orígenes”.

Dora eligió algunas canciones tradicionales muy conocidas del repertorio sefaradí, varias de las cuales había aprendido de niña, mientras que otras las ubicó en el Centro de Investigaciones Hebraicas en Nueva York. Armó el repertorio con el guitarrista Fernando Vigueras y luego se invitó al percusionista Francisco Bringas para grabar el disco que fue editado por John Zorn en su compañía Tzadik Records.

La cantante sostiene que la música con la que ha regresado a sus raíces “es profundamente emotiva y sencilla, pero de unas sencillez elegante. Son canciones que tocan el alma muy directamente; esta música puede tocar a la gente de manera muy fácil”. Tal sensación será compartida por Dora Juárez Kiczkovsky mañana jueves a las 20:00 horas en el Centro Cultural de España (Guatemala 18, Centro Histórico; entrada libre).