La crítica: Mal de amores

Serrano es un escritor que coincide con un grupo de excompañeros universitarios en un velorio. Ese reencuentro lo motiva a pensar en cada uno de ellos, en lo importante o no que fueron para él.
"Toda la vida". Héctor Aguilar Camín. Random House. México, 2016
"Toda la vida". Héctor Aguilar Camín. Random House. México, 2016 (Especial)

Después de haber hurgado en la memoria colectiva en Adiós a los padres, Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) construye una inquietante novela, de corte policíaco, en donde exhibe un abanico de posibilidades sobre la relación de pareja: pasión, desamor, amor enfermizo, celos.

Serrano es un escritor que coincide con un grupo de excompañeros universitarios en un velorio. Ese reencuentro lo motiva a pensar en cada uno de ellos, en lo importante o no que fueron para él y en un amor que no ha podido sacar de su cabeza: Liliana Montoya, una morena sensual que entra y sale de su vida.

Esta relación amorosa que inició desde la adolescencia y que continuó más años, se vuelve medular para el narrador. Amar a Liliana no es asunto fácil, remite a vivir al borde del abismo y la catástrofe. Sin embargo, el cuerpo de Liliana es tan atractivo que provoca que a su compañero de juerga y rumba se le olvide que cada vez que la ve y la pasan bien puede ocurrir cualquier tipo de contrariedad, incluso que él vaya a dar al hospital.

En aras de esta obsesión, el narrador decide escudriñar en un asesinato que hace años le contó Liliana Montoya y que no deja de erizarle la piel: la muerte de Catracho, novio de su hermana Dorotea. Aquí inicia el hilo conductor de la trama policiaca.

La novela negra en México es un reflejo de la sociedad, una denuncia política; tiene como característica la noción de que aquí la justicia no existe y lo que reina es la impunidad.

Desde los tiempos de René Descartes se ha dado por supuesto que la razón está descargada de toda emotividad. Para pensar mejor, se dice, hay que pensar en frío. De un hombre con temple —un militar en combate, un policía en un tiroteo, un piloto cuando surca el cielo, un cirujano que opera a corazón abierto— se suele valorar la sangre fría porque, aparentemente, no permite que la emoción le nuble la vista ni la capacidad de juicio. Serrano parece apelar más al razonamiento en los instantes que indaga cómo ocurrió la muerte de Catracho, cuyo crimen no fue perpetrado por los ex compañeros del escritor sino por motivos políticos y circunstanciales.

Sin duda, uno de los momentos más memorables de la historia es cuando Dorotea describe a su hermana y a ella como si fueran plantas: "Yo soy una cactácea, Serrano; Liliana es una jacaranda. Se derrama como loca cada año, y luego se queda seca. No se ahorra. Son muy hermosas las jacarandas. Eso que ni qué. Pero las cactáceas son la sal de la tierra".

En suma, es un libro erigido con base en una sólida psicología de los personajes, una narración puntillosa de los pormenores y una trama que aun en la sencillez se vuelve contundente.