La crítica: Maestro de las emociones

Jimmy Scott tuvo sus grandes momentos, como cuando cantó con la banda de Lionel Hampton a fines de los años cuarenta, o cuando grabó el disco para Ray Charles.
Jimmy Scott (1925-2014).
Jimmy Scott (1925-2014). (Especial)

México

Es de llamar la atención que Ray Charles dijera sobre Jimmy Scott, fallecido el 12 de junio a los 88 años: "Este hombre es todo sentimiento: definió lo que es el soul en el canto mucho antes de que alguien usara esa palabra". Y aunque su disco Falling in Love Is Wonderful, grabado en el sello de Charles, ha sido llamado "el Santo Grial de los discos de jazz vocal", Scott tuvo serios desencuentros con propietarios de disqueras que obstaculizaron su carrera y promotores que lo timaron. Si a eso le sumamos su afecto por las relaciones amorosas tormentosas y un gran afecto por la bebida, el resultado fue una carrera seriamente interrumpida.

En ello tuvo también que ver su forma única de cantar. En los discos su voz suena frágil, tanto que en cualquier momento las palabras podrían quebrarse en mil pedazos y uno piensa que se trata de una mujer. La explicación es simple: él y su hermano Kenny fueron atacados por el síndrome de Kalman, que limita el crecimiento. Como consecuencia, su voz sonaba como la de un preadolescente.

La carrera de Little Jimmy —como llamaban al cantante por su corta estatura— se remonta a 1938. Tuvo sus grandes momentos, como cuando cantó con la banda de Lionel Hampton a fines de los años cuarenta, o cuando grabó el disco para Ray Charles, que no se publicó en su momento porque otro sello disquero amenazó con demandarlo pues todavía estaba bajo su contrato. Muchas circunstancias lo obligaron a retirarse de manera paulatina y a sobrevivir en cualquier trabajo, hasta que cantó en el sepelio de su amigo el compositor Doc Pomus. Y como en esas películas donde los milagros ocurren, fue escuchado por Seymour Stein, director de Sire Records. Un contrato discográfico lo trajo de vuelta a la música y hasta lo convirtió en una estrella.

Recuerdo su tono afectuoso en una entrevista realizada hará unos 10 años, sobre todo al comentarle que lo consideraba, como a su amiga Billie Holiday, un maestro en el manejo de las emociones a través del canto: "Trato de hacer lo mejor que puedo —respondió—. Desde que era muy joven las emociones se convirtieron en una forma de vida". Escucharlo puede brindar alegría o tristeza, según el ánimo, pero invariablemente resulta liberador. Su propósito, agregaba, era "brindar alegría a la gente. Sin embargo, muchos me dicen: 'Ah, me siento muy triste'. Eso es resultado de algo que les ha pasado y que se relaciona con lo que estoy cantando. Así que cuando canto puedo llevarles alegría, pero también pueden surgir otras emociones".