La crítica: Linterna mágica

El Hombre reclinado de Javier Marín transmite el dolor más por la excoriación del barro.
Guillermo Muñoz Vera. "Torturado II", 1988.
Guillermo Muñoz Vera. "Torturado II", 1988. (Especial)

México

Si es el dolor aquello que no se puede negar ni confirmar; si tener dolor es saber de cierto, en tanto que conocerlo de oídas es dudar; si el dolor físico no solo se resiste al lenguaje sino que se empeña en destruirlo; entonces, ¿cómo haremos para comunicar el dolor por medio del lenguaje visual?

Hay respuestas objetivadoras —a mi dolor lo llamo "perro", proclama Nietzsche— y las hay fiadas a la plástica. De una composición abstracta cabe decir que el curvo trazo azul duele menos que el rojo quebrado. El Hombre reclinado de Javier Marín transmite el dolor más por la excoriación del barro; más por las manchas de engobe; más por las suturas de alambre, que por el gesto agónico y la hipérbole de los muñones.

Al lado del relato mítico se eterniza la soledad sumida en el dolor. A los signos de sufrimiento constituidos por el arma y la herida se oponen marcas más íntimas, propias de la patonomía entendida como lectura y clasificación de las pasiones apresadas a su paso por un rostro transido: "como si una linterna mágica arrojase los nervios contra una pantalla".

Mito, arma, herida, plástica y patonomía se conjugan en el cuadro de Jules-Élie Delaunay: contra un infierno rojo se retuerce Ixión, atado a su rueda por la serpiente. Constricción laocoóntica.

Pero más que historia, mito o figura, es El desmembrado de Orozco violencia plástica pura: rojo vendaval de miembros mutilados, empastes sanguinolentos, escurrimientos coagulados: mundo deshecho por el dolor. En una película de Bergman el dolor se va matizando por una sucesión interminable de fondos rojos, nunca iguales.

El gran capo judeocristiano autoriza a su sicario la tortura de Job hasta dejarlo
agonizante. La precisión al óleo de Léon Bonnat concentra todo el suplicio del anciano en las carnes flácidas y los ojos arrasados, en tanto que el tratamiento del mismo tema realizado por Gonzalo Carrasco interesa como alegoría histórica: "sufrid, callad, someteos con cristiana resignación al castigo", arengan nuestros arzobispos ante el liberalismo triunfante.

El torturado de Guillermo Muñoz Vera suscita ambivalencia. ¿Tráfico con sufrimientos bellos, o delicadeza gráfica y corporal, potenciadora de la sevicia? La indeterminación del entorno objetiva la privación sufrida tras la tela blanca: indefensión y aislamiento totales. Ficción de poder del Estado torturador.

El hombre al desnudo. Dimensiones de la masculinidad a partir de 1800. Museo Nacional de Arte. Hasta el 17 de junio.