La crítica: Leer el mundo

Un análisis de Maritza M. Buendía que nos invita a volver a dos grandes de la literatura mexicana, García Ponce y Arredondo.
Maritza M. Buendía, Poética del voyeur, poética del amor: Juan García Ponce e Inés Arredondo, Conaculta, México, 2013, 200 pp.
Maritza M. Buendía, Poética del voyeur, poética del amor: Juan García Ponce e Inés Arredondo, Conaculta, México, 2013, 200 pp.

México

Son muchas las tesis que destacan en el nuevo libro de Maritza M. Buendía (Zacatecas, 1974), Poética del voyeur, poética del amor: Juan García Ponce e Inés Arredondo, merecedor del Premio de Ensayo Literario José Revueltas 2011. Es de notar su pasión por la obra cuentística de estos grandes de las letras mexicanas —insertos en la llamada Generación del Medio Siglo—, especialmente por “Olga”, “Mariana”, “El gato”, “Rito” y “Retrato”. También el dominio panorámico de ambos corpus, extenso y diverso el de García Ponce, breve y ceñido el de Arredondo.

Pero hay más cosas. Una ruta académica por la cual la autora transitó al momento de leer y releer a sus estudiados, amén de las verdades personales de lo que identifica como desconcierto y comprensión. Ruta por la cual avanzó y se descubrió, lo prueba su ensayo, primero como un lector voyeur, después un lector amante, es decir, intérprete. “Estoy convencida de que el fin último de la literatura es el silencio, eso que en García Ponce y Arredondo a veces se llama amor y a veces se llama erotismo”.

No se agotan ahí los análisis de Buendía. Está su conocimiento y propuesta de una hermenéutica erótica, para lo cual se basa en lecturas canónicas como las de Ricoeur, Gadamer, Ortega y Gasset, Musil, Bataille, Bachelard y más. Pero, además, en el caso de García Ponce, de la revisión de la ilustrada recepción de ese tipo de teorías del propio autor de Crónica de la intervención, De ánima y tantos otros títulos memorables. Recuérdese la incorporación de autores como Klossowski a los medios mexicanos, contumacia del mismo García Ponce.

¿Más aciertos? La ubicación de los investigados en el contexto histórico-cultural del México de mediados de los sesenta, tiempo desacralizado y mundano, donde “a pesar de la muerte de dios (así, sin mayúscula) persiste un hambre de mitos, una sed de sagrado y una multitud de preguntas”. Sin olvidársele a la ensayista la sombra que sobre García Ponce y Arredondo tuvieron la publicación aquí de El arco y la lira (1956), de Octavio Paz, y El erotismo (1957), del mismo Bataille.

Desde su congruencia de intérprete, Buendía concluye: “con García Ponce y Arredondo he confirmado que el erotismo es una manera de leer el mundo, mas no una cualquiera: el erotismo es el arte del sigilo que con sutileza se enlaza al amor, un algo que en la literatura se gesta en la palabra pero que adquiere su cabal dimensión en los espacios en blanco que la palabra crea”.

Una extraordinaria llamada para volver a estos dos grandes de la literatura mexicana.

Y con ellos al mundo.