La crítica: "Jacinto y Nicolasa"

De los muchos Méxicos que existen, el de las comunidades indígenas es quizá el menos tratado en el teatro actual.
Obra de monólogos entrelazados.
Obra de monólogos entrelazados. (Especial)

México

De los muchos Méxicos que existen, el de las comunidades indígenas es quizá el menos tratado en el teatro actual. De las pocas obras que recuerdo de los últimos años estaría DeSazón, de Víctor Hugo Rascón Banda, que aborda las historias de tres mujeres (una menonita, una guerrillera y una indígena) de Chihuahua, y la recientemente estrenada Jacinto y Nicolasa, de la joven dramaturga Camila Villegas, a manos del director de escena Alberto Lomnitz.

En realidad son dos monólogos que construyen las historias de un hombre (Jacinto) que desea entregarse —sin éxito— a la justicia tras haber asesinado a un compadre por razones que poco a poco han de ser develadas, y la de una mujer (Nicolasa) en busca de un hijo adolescente que le ha sido arrebatado por los grupos de narcotraficantes que han invadido la sierra y que tienen un ejército de gente forzada a servir en el sicariato sin que la autoridad intervenga. En ambos casos la justicia es rehusada a estos rarámuris, que no comprenden la justicia de los chabochis, ni el todo de esa nación a la que también pertenecen y que les niega de manera sistemática ser tratados como gentes de razón. La historia de Jacinto, en ese sentido, provoca hasta hilaridad. Viaja reiteradamente kilómetros y kilómetros a la cabecera municipal para entregarse a la ley y recibir el castigo por haber matado a un hombre malo, pero nunca hay juez que le abra proceso. Las historias son reales y nacen de las voces de aquellos que no tienen voz.

Olivia Lagunas y Bernardo Velasco encarnan de manera extraordinaria a estos dos personajes, asumiéndolos sin prejuicios ni preconcepciones. Para quienes hemos visto la carrera de Olivia, nos encontramos con una construcción de personaje tal que uno deja de reconocer a la actriz para asumir a plenitud las angustias de Nicolasa. Realmente un trabajo de construcción de ambos, Bernardo y Olivia, fino y muy elaborado y que nos habla de una dirección de actores amorosa y dedicada. La puesta en escena de Lomnitz creó una sola estructura a manera de monólogos entrelazados, jugando con las correspondencias existentes en los dos relatos, si bien los personajes nunca se encuentran en una lógica espacio-temporal. Es una propuesta que apela a la sencillez de todos los elementos escénicos y apuesta por la ficción y la creación de personajes (monedas poco valoradas en los días que corren). No se la pierda.

La obra se presenta en el teatro La Capilla, Madrid 13, Coyoacán, todos los martes a las 20 horas, hasta marzo, y todos los lunes en el foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico, del cinco de mayo al 21 de julio a las 20:30 horas.