La crítica: Intersticios. Transformación negra

Cuesta trabajo pensar que la iniciativa privada (nacional o extranjera, da lo mismo) estaría interesada en invertir en algo que no resultara rentable.
Más que economía.
Más que economía. (Especial)

México

En La gran transformación (1944) Karl Polanyi demostró que la economía jamás se rige únicamente por motivos económicos, sino que hay que comprenderla ante todo como una forma de definir las relaciones sociales alrededor de la producción y posesión de bienes: “El increíble descubrimiento de las recientes investigaciones históricas y antropológicas es que la economía humana, como regla, se sumerge en sus relaciones sociales”. Asimismo, argumenta que la gran transformación que introdujo la revolución industrial y la sociedad de mercado fue colocar a la ganancia como principal motor de la actividad económica: “La transformación implica un cambio en el motivo para actuar por parte de los miembros de la sociedad; hay que sustituir el motivo de la subsistencia por el de la ganancia”. La principal lección es que al analizar un fenómeno económico hay que ir más allá y buscar las claves en el tipo de relaciones sociales que propone o genera.

En el caso de la reforma energética, los argumentos principales a su favor son dos: el gobierno no tiene los recursos necesarios para extraer el petróleo profundo; lo segundo es que bajará el precio de la energía para todos los mexicanos. En el primer caso, cuesta trabajo pensar que la iniciativa privada (nacional o extranjera, da lo mismo) estaría interesada en invertir en algo que no resultara rentable. Por lo tanto, si la extracción de petróleo es rentable, ¿por qué el gobierno no se endeuda con un préstamo atado a los propios beneficios que produciría la inversión en extraer ese nuevo petróleo? ¿Cuál es la razón de que la misma actividad resulte rentable en manos de la iniciativa privada y sea un lastre para el desarrollo si la lleva a cabo el Estado? En cuanto al tema de menores precios, si bien en efecto beneficiaría sobre todo a los más pobres, esta concepción considera al petróleo como un producto más que debe sujetarse a las leyes del mercado, olvidando que por el inmenso poder que confiere tener incluso un control parcial a su acceso, debe tener un tratamiento diferente. Bajo la lógica de menores costos, ¿por qué no poner en manos privadas también el agua, la educación, las cárceles o el ejército? Está claro que un menor precio no es razón suficiente para someter a ciertos sectores a la lógica de la ganancia. Además de los pesos y centavos, hay que buscar las claves en el tipo de paradigma social detrás de la propuesta, más allá de los intereses de una élite político-económica con una visión determinada de cómo debe de organizarse la sociedad.