La crítica: Inteligencia humanizada

La tecnología terminará tomando los peores rasgos de la humanidad, como puede verse en “Her”, película de Spike Jonze.
Imagen del filme Her, de Spike Jonze.
Imagen del filme Her, de Spike Jonze. (Especial)

México

Al principio de la novela El patrón, de Goffredo Parise, el protagonista se topa con un portero que le recuerda a los orangutanes del zoológico. El joven reflexiona que estos orangutanes no están tristes por la añoranza de su libertad natural, sino porque al entrar en contacto con el hombre quieren parecerse a él y miran con desdén a los de su propia especie. Cuando pierden la esperanza de que esto ocurra “se abandona, las cucarachas se multiplican tranquilamente sobre él, ya no acepta nada de cuanto le ofrecen los hombres salvo lo estrictamente necesario para mantenerse con vida”. Es decir, que lo que mata de tristeza al orangután no es la falta de libertad sino el propio contacto con el hombre.

Esta imagen me vino a la mente tras ver la película Her, de Spike Jonze —que ha sido aclamada de manera unánime y tiene múltiples nominaciones para premios—, considerada como una fábula futurista que revela el vacío del mundo contemporáneo, en el que la tecnología nos ha convertido en zombis solitarios que incluso dependemos de los estímulos provenientes de una pantalla para obtener una magra satisfacción sexual. Sin embargo, para mí lo interesante de la película es casi lo contrario: cómo el galopante avance tecnológico va haciéndose cada vez más a nuestra imagen y semejanza, para posteriormente ser utilizado como justificación de ciertos rasgos abyectos que nada tienen que ver en sí con la tecnología, sino con los anhelos y fantasías que esperamos que ahora sí algo o alguien nos resuelva.

El sistema operativo del que se enamora el protagonista se va convirtiendo en el prototipo del individuo posmoderno narcisista, que convierte a cada uno de sus sentimientos en el centro del universo (convendría recordarles a Radiohead: “Just ‘cause you feel it, doesn’t mean it’s there”), y que conforme adquiere personalidad se convierte en un cliché de mal gusto de la sensiblería egoísta, para finalmente desembocar en una espiritualidad New Age y retirarse a una especie de Nirvana de los sistemas operativos con el que los limitados seres humanos no podremos soñar jamás. Más que un comentario sobre los excesos de la tecnología, Her es una parodia involuntaria de nuestras fantasías de omnipotencia y terror a la finitud, expresadas en ese sucedáneo de todo miedo que es la soledad. Así, según la visión de Spike Jonze, la pobre tecnología, además de ser de por sí inerte e inanimada, terminará —como el orangután de Parise— por mimetizarse y hacer suyos los peores rasgos de la humanidad.