La crítica: LOS GUIONES DE JOSÉ EMILIO /y III

A pesar de que el nombre del poeta no esta escrito entre los créditos de la obra, pueden notarse todas las caracteristicas de su trabajo como guionista en ella. 
Un Fernando Soler inolvidable.
Un Fernando Soler inolvidable. (Especial)

México

Foxtrot no plantea la necesidad de contar una historia: es una producto visceral, un estuche de tomas atiborradas con utilería bonita que carecen de sentido dramático y estético, y no hay por qué detenernos aquí.

En El lugar sin límites, José Emilio Pacheco no tiene crédito en pantalla; cabe decir que existen fichas técnicas que mencionan a José Emilio, a Manuel Puig, a Cristina Pacheco, a Carlos Castañón y hasta José Donoso como colaboradores. Alguna razón oscura, también visceral, como la “genial” producción de Foxtrot, se habrá tenido para omitir de los créditos el talento de semejantes personajes, para que su trabajo como guionistas fuese sustituido solo por el del director, pero no como guionista, sino como autor del libro cinematográfico.

Lo que resulta imposible pasar por alto es que en El lugar sin límites se notan los contenidos leitmotiv que maneja el poeta en toda su carrera como guionista. Aquí están, una vez más, la intolerancia, el abuso del poder y la ignorancia en exceso, valores dramáticos bien construidos dentro de la historia, que acercan más a los personajes a la locura que a la libertad.

En el planteamiento y desarrollo de la película, vemos a Pancho como un onagro, un bruto sin la mínima educación, personaje sustentado en la más profunda contradicción; es orgulloso hasta reventar, ardido porque La Japonesita lo vio llorar por el incómodo regaño de don Alejo —un Fernando Soler inolvidable—, y él es muy macho y hombre, por eso desea a todas las mujeres, aunque es evidente su obsesión por la intensa femineidad que representa La Manuela, padre de La Japonesita y homosexual que lo desea por su apariencia varonil pero le teme por su machismo exacerbado.

La escena de rigor y clímax adquieren una intensidad pocas veces vista en el cine mexicano; en la alegría por haberle pagado sus deudas a don Alejo, Pancho y su cuñado deciden visitar el burdel del pueblo; La Manuela, aterrorizada, se esconde en un gallinero mientras La Japonesita y otra mujer los atienden. Al calor de los tragos, Pancho se da cuenta que no quiere nada con ella, sino con la Manuela, y si no la llama armará un verdadero “pancho”. No tarda en aparecer La Manuela para demostrar que “se puede ser Océano y no ser mujer” y le arrebata la presa a su hija.

Los guiones de José Emilio Pacheco no solo hicieron el nombre de Arturo Ripstein como cineasta, sino dieron la muestra de cómo debe trabajarse la parte fundamental de una película: ¡al avío, pues!

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El lugar sin límites (México, 1977), dirigida por Arturo Ripstein Rosen, con Gonzalo Vega y Roberto Cobo.