La crítica: Fuentes y la carta robada

Fueron tantas las decepciones de los lectores de Carlos Fuentes (1928-2012) en el tramo final de su carrera como narrador, que la aparición de una obra póstuma no genera grandes entusiasmos.
"Aquiles o El guerrillero y el asesino". Carlos Fuentes. Edición de Julio Ortega. Fondo de Cultura Económica/Alfaguara. México, 2016.
"Aquiles o El guerrillero y el asesino". Carlos Fuentes. Edición de Julio Ortega. Fondo de Cultura Económica/Alfaguara. México, 2016. (Especial)

Fueron tantas las decepciones de los lectores de Carlos Fuentes (1928-2012) en el tramo final de su carrera como narrador, que la aparición de una obra póstuma no genera grandes entusiasmos. Si en lo que concluía y enviaba a la imprenta se abismaba en caídas notorias, ¿cuál será el nivel de un proyecto inconcluso?

Sin duda, el mejor Fuentes está en sus primeros libros; los títulos que enteramente lo representan son La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962) y Aura (1962). Para algunos, el genio se agota después de Terra Nostra (1975) o Cristóbal Nonato (1987). Luego se extravía, como si el autor original hubiera sido sustituido por un mal imitador. Incluso al inventarse un seudónimo para escribir relatos de tinte policiaco (Emmanuel Matta y Los misterios de La Ópera, 2006), en un intento por liberarse de sí mismo (al publicar sin que figurara en principio su nombre), fracasó.

En este enmascarmiento fallido, una de las claves de que se trataba de Fuentes era la mención del cuento "La carta robada" de Edgar Allan Poe, una de sus recurrencias, al que vuelve en Aquiles: "Pero yo había leído en la escuela un cuento de Poe traducido por Cortázar, el de la carta robada. Allí se demuestra que el mejor lugar para esconder algo es el lugar más obvio, el más visible, que de tan visible se vuelve invisible" (p. 78).

El peruano Julio Ortega, encargado de sacar del archivo la novela póstuma, propone una curiosa inversión que salvaría a Fuentes de sus yerros. Dice que "ha escrito de joven su obra más formal, histórica y madura para poder escribir, de adulto, su obra más exploratoria, libre y juvenil". A la vejez, entonces, viruelas.

El libro póstumo es redondo a partir de este recurso: se empieza por el final, la ejecución del protagonista; y se deja para las últimas páginas la muerte del ejecutor. Y entre una cosa y otra uno lee los apuntes de la historia, con personajes apenas insinuados y secuencias narrativas que señalan algunos posibles desarrollos... El propio editor de Aquiles dice que se trató de un rompecabezas "que carecía de una imagen matriz, cuyas partes se supone que arman una figura".

No es una novela integra, sino desintegrada; mas ese esqueleto narrativo, con cuatro jóvenes guerrilleros colombianos como actores principales, contiene algo del genio literario que Fuentes parecía haber perdido. Leerla, por lo tanto, no es una pérdida de tiempo, aunque la construcción completa no esté en el texto, que es el bosquejo de una novela, sino en la imaginación de los lectores.