La crítica: Explotación en buena onda

Empresas como Google, Amazon, Microsoft, Walmart, Apple y más forman ya parte de la narrativa de nuestra época.
Recreación para olvidar la explotación.
Recreación para olvidar la explotación. (AFP)

México

De manera un tanto esquizofrénica, en esta, la época de la libertad económica irrestricta y de la igualdad de oportunidades para todos (en el discurso), al mismo tiempo asistimos a fenómenos como una apabullante concentración de la riqueza en un puñado de empresas e individuos, que poco a poco han ido adquiriendo el poder suficiente como para que hasta los líderes políticos les teman y les rindan pleitesía. Empresas como Google, Amazon, Microsoft, Walmart, Apple y más forman ya parte de la narrativa de nuestra época, al grado de que llegan a dar pie a neologismos como “googlear”. En todos los casos anteriormente mencionados, se han documentado de manera detallada prácticas generalizadas de explotación laboral, de prácticas fiscales diseñadas para triangular dinero entre sus filiales y al final pagar cantidades irrisorias respecto a sus beneficios, así como la devastación que estos gigantes comerciales ocasionan a la diversidad y a la existencia de pequeños comerciantes o empresas culturales. A causa de todo esto, en lugar de protestas o incluso de brotes de violencia como respuesta a la violencia de mercado que ellos practican, sus dueños son admirados y endiosados, y todo estudiante ambicioso que hace una maestría en negocios sueña con algún día ser el nuevo Steve Jobs o Jeff Bezos.

Como para compensar la probable mala conciencia que engendran sus prácticas, existe al mismo tiempo otro movimiento corporativo, destinado a hacer de la buena onda un elemento que ayude a lavar la mala imagen, tanto frente a ese tirano implacable llamado consumidor, como frente a los propios empleados que padecen las prácticas de explotación y abuso. Así, leemos que en Google la gente puede ir a trabajar en chanclas, meterse a descansar a la alberca de pelotas, jugar futbolito o ping-pong, o que en Apple y Facebook hay máquinas para tener refrescos o audífonos gratis, que en Samsung hay albercas y gimnasios pues, si se van a perder conquistas laborales ganadas durante décadas frente a esta gran embestida del capital, al menos que los empleados lo puedan olvidar durante unos minutos al día perdiéndose en estas actividades recreativas. Casi como magistral cierre del círculo de lo que el filósofo Byung-Chul Han ha llamado la “explotación de sí mismo” que llevamos a cabo bajo el neoliberalismo, al introyectar y hacer nuestras las ideas y prácticas de estos gigantes corporativos, leo que en Samsung existe un muro con fotos de trabajadores que han ofrecido trabajar gratis en su tiempo libre: se llama el Corredor de la Actividad Voluntaria.