La crítica: Espacios: Promotores inmobiliarios

El promotor inmobiliario debe tener amplios conocimientos, pero antes que nada es un empresario.
Ciudad Satélite, Estado de México.
Ciudad Satélite, Estado de México. (Especial)

México

Casi toda la gente aspira a tener una vivienda digna, y quienes ya la tienen desean tener una mejor. A todo el mundo le gusta que haya comercios cerca de sus casas, vivir cerca de su trabajo, que haya escuelas para sus hijos, que haya parques y sitios recreativos accesibles en sus colonias.

Prácticamente todos estos espacios, al menos en la época moderna, los han creado los promotores inmobiliarios. Las colonias que habitamos en la Ciudad de México, exceptuando el Centro Histórico, eran ranchos y haciendas agrícolas antes del siglo XX. Cuando la población urbana comenzó a crecer desmesuradamente por la migración de la gente del campo a la ciudad, los propietarios de aquellas tierras decidieron fraccionarlas y vender terrenos urbanos.

El promotor inmobiliario debe tener amplios conocimientos, pero antes que nada es un empresario. Para que su negocio funcione, necesita adquirir la tierra a bajo precio, invertir el mínimo posible en infraestructura y urbanización, y finalmente debe anunciar su producto y venderlo al público con ganancias para él y sus socios. Este mecanismo ha sido el mismo desde el comienzo del crecimiento urbano, y aunque tengamos la tendencia a pensar que en el pasado las colonias se hacían mejor que ahora, la realidad es que era el gusto del público lo que guiaba al diseño urbano. Por ejemplo, durante los años veinte, cuando se desarrollaron las colonias Escandón e Hipódromo Condesa, el mayor reclamo para la venta de lotes era la cantidad de áreas verdes por habitante. Pero para los años cincuenta, cuando se construyó Ciudad Satélite, la necesidad primordial del público era el transporte en automóvil. Ambas zonas de la ciudad deben su forma a las estrategias comerciales de sus creadores.

Hoy el gremio de los empresarios de la construcción está muy denostado; esto se debe a que el espacio público se ha reducido notablemente, ya que la principal preocupación de la población actual es la seguridad. Los proyectos inmobiliarios actuales se fundamentan en la vigilancia, el aislamiento de las comunidades y su accesibilidad en automóvil.

También existe una gran cantidad de promotores que optan por construir o remodelar casas y edificios en zonas centrales de la ciudad, para lo cual aprovechan la infraestructura, los servicios existentes y la movilidad mediante sistemas de transporte público. Sin embargo, los nuevos proyectos son vistos con desconfianza por los vecinos, quienes culpan a los promotores del aburguesamiento de sus barrios.

Se requiere de una visión más amplia y menos maniquea que la actual para ser verdaderamente críticos y propositivos respecto al desarrollo de la ciudad, que es, ante todo, un fenómeno humano de carácter primordialmente económico.