La crítica: Espacios Participación ciudadana

Durante los años sesenta del siglo pasado se inició un movimiento social de democracia directa, que reflejaba los cambios sociales característicos de la década.

México

Durante los años sesenta del siglo pasado se inició un movimiento social de democracia directa, que reflejaba los cambios sociales característicos de la década. Como sabemos, en esa época se forjaron movimientos estudiantiles de protesta en muchas ciudades, como París, Praga, Roma y México. Algunos de ellos le costaron la vida a decenas y hasta cientos de jóvenes que pedían ser escuchados y tomados en cuenta en las decisiones que afectaban su propia vida. También durante dicha época se radicalizaron ciertos movimientos anarquistas, derivados de la lucha antifascista en Italia.

En 1966 se llevó a cabo una reunión del Team X en Urbino, cuyos resultados se han convertido en un hito para la participación ciudadana en la arquitectura moderna. El grupo se oponía a los conceptos urbanísticos y sociales derivados del último Congreso Internacional de Arquitectura Moderna, el cual se había llevado a cabo en 1959 en Otterlo, Holanda. El tema de la reunión, organizada por Giancarlo de Carlo, era “La intervención del automóvil en la arquitectura”. Algunos de los participantes, como Jaap Bakema, hicieron propuestas muy interesantes, incluso en su redacción: “La relación entre [moverse] y [mantenerse] en el proceso de la urbanización”.

Ahora, que han transcurrido 50 años desde esa reunión, conviene preguntarse: ¿qué beneficios aporta la participación ciudadana a la urbanización actual? Sin duda son muchos ya que, antes del surgimiento de los movimientos sociales a favor de la participación, los cambios en el espacio público en las ciudades sucedían sin ningún tipo de consulta popular; eran los expertos técnicos quienes evaluaban y decidían las dimensiones y características de las infraestructuras urbanas. En cuestión de meses podían aparecer autopistas y desaparecer barrios enteros sin que los ciudadanos supieran con certeza sus verdaderos objetivos y potenciales beneficios.

En nuestra ciudad el gobierno actual ha utilizado la participación ciudadana como parte de su retórica política: el eslogan “Decidiendo juntos” se ha convertido en una frase vacía y demagógica. Sin embargo, gracias a los múltiples canales de comunicación con los que contamos hoy, los ciudadanos no dependemos del gobierno para organizarnos y protestar contra los abusos de la autoridad. La capacidad de autoorganización de los ciudadanos es mucho más poderosa que las convocatorias oficiales a la participación. Pero también la protesta debe ser mesurada, porque de no serlo es un mecanismo autodestructivo que no permite el desarrollo urbano, y el exceso de crítica contra cualquier iniciativa gubernamental corre el inevitable peligro de convertirse a su vez en una “dictadura de la opinión”.