La crítica: Espacios: Crítica de arquitectura

La arquitectura puede ser abordada por la crítica desde su vertiente poética, lo cual no es para nada despreciable, siempre y cuando no permanezca en un estado de indefinición.
Idear obras para personas e instituciones.
Idear obras para personas e instituciones. (Rodrigo Zapata)

México

La práctica de la escritura tiene, como cualquier actividad intelectual, una motivación personal, simultáneamente con un deber social. Escribir sobre arquitectura, independientemente de que se trate de notas críticas o ensayos teóricos, puede llevar al autor por dos caminos muy distintos: acercar al público a la problemática de la práctica de la arquitectura, o bien lo contrario: evadir la responsabilidad social del texto, disertando sobre temas y utopías inútiles e incomprensibles.

La arquitectura puede ser abordada por la crítica desde su vertiente poética, lo cual no es para nada despreciable, siempre y cuando no permanezca en un estado de indefinición y se pierda en nebulosas consideraciones fenomenológicas y estéticas puras. No hay que olvidar que la arquitectura es un arte aplicado, en el cual la funcionalidad de los edificios tiene el mismo nivel axiológico que sus vertientes artísticas.

La arquitectura de Luis Barragán fue descrita por Jay Pritzker como "un acto sublime de imaginación poética", lo cual es sin duda cierto y lo llevó merecidamente a la obtención del premio Pritzker en 1980, considerado como la máxima distinción a la que un arquitecto puede aspirar.

Por muchos años, los críticos y teóricos de arquitectura se han ocupado principalmente en analizar la arquitectura singular de artistas de la talla de Barragán, junto con los subsecuentes ganadores del premio, pero en el proceso han soslayado la aplicación de sus criterios para la discusión de la arquitectura genérica, que es la que habita la gran mayoría de las personas.

La arquitectura es un campo de conocimiento que tiene límites muy claramente trazados: los arquitectos nos ocupamos de proyectar y construir obras civiles para el uso de las personas e instituciones. Es por esta razón que los textos que exceden los parámetros de la disciplina arquitectónica son superfluos y, en muchas ocasiones, constituyen mecanismos para evadir la responsabilidad social de la práctica arquitectónica.

La teoría en cualquier campo intelectual admite metodologías experimentales, que pueden ser funcionales cuando se presentan y discuten en ámbitos académicos especializados. Pero cuando dichas hipótesis se llevan fuera de la academia, es necesario que adopten posturas aplicables a la realidad urbana y se adapten a las agendas tanto del interés público como de la procuración del bien común.

La discusión en torno a las figuras notorias dentro del campo de la arquitectura solamente es pertinente cuando sus proyectos e ideas tienen la facultad de ser ejemplares, para que su difusión contribuya a generar una capacidad crítica dentro del gremio y frente al público en general que habita tanto en las ciudades, como en las áreas rurales.