La crítica: Encontrarse una familia

"Los insólitos peces gato" mantiene el interés y gusta porque los personajes son otros al final de la historia.
Logrado retrato de la clase media baja.
Logrado retrato de la clase media baja. (Especial)

México

La costumbre dicta que una persona puede encontrarse una moneda, un boleto de Metro o un anillo de oro tirados en cualquier parte; pero encontrarse una familia completa, no cabe duda que resulta insólito.

Claudia es una joven huérfana que ha vivido sola toda su vida, trabaja en un supermercado y su vida transcurre de manera anodina y aburrida, parece incapaz de sonreír o expresar una emoción —es el modelo de actuación cinematográfica que vemos en la obra de Robert Bresson—; un día, Claudia se siente mal y tiene que ir al hospital, donde descubre que tiene apendicitis y debe ser operada. En el hospital conoce a Marta, paciente que está al otro lado de su cama, madre de cuatro hijos, y se hacen amigas.

La dramaturgia debe saber jugar con el azar: el mismo día dan de alta a las dos mujeres, y mientras Claudia se aleja a pie, Marta, en su Volkswagen atiborrado de hijos, la encuentra y le ofrece un “aventón”. A partir de ese momento las despedidas se vuelven un leitmotiv que nos atrapa porque sucede lo contrario, otra vez lo insólito. Es un retrato logrado de la manera de ser de la clase media baja mexicana.

A partir de ahí vemos la complicada relación entre una familia compuesta en su mayoría por mujeres —la madre que ha asimilado tener sida, infectada por el padre, que murió de lo mismo; la hija mayor que da órdenes; la de en medio, una gorda que tiende a la drogadicción; la bonita, y un hijo púber—, con una joven solitaria que no tiene novio, que no ha tenido relaciones sexuales pero que está ubicada en su realidad, y que la casualidad puso en un hospital para encontrarse con una familia que está a punto de la disfuncionalidad. A pesar del tema, la autora sale bien librada del género: evita el melodrama sórdido y convierte la película en una comedia que define bien su tono: prefiere la situación ridícula, al azote.

La narración fluye, mantiene el interés de principio a fin y gusta porque los personajes son otros al final de la historia: todos han ganado por haber cruzado sus vidas.

Un sonoro aplauso a Ximena Ayala y a Lisa Owen; la primera supo extraer la quintaescencia de su personaje, el silencio y su aparente indolencia que se convierte en llanto alegre, mientras que la segunda logra transmitir el deterioro por su enfermedad y la sentimos en su manera de moverse, de ver a sus hijas, de asumir su próxima partida.

En Los insólitos peces gato, la familia tiene otra función que se aferra no al optimismo ramplón, sino a la necesidad de creer que todos los problemas tienen solución.

“Los insólitos peces gato” (México, 2013), dirigida por Claudia Sainte-Luce, con Ximena Ayala y Lisa Owen.