La crítica: Dios no siempre perdona

El autor de Solo dios perdona está completamente perdido en la línea dramática de su desfondado guión.
Un guión desfondado.
Un guión desfondado. (Especial)

México

Tras la buena producción y realización de Drive, el cineasta Nicolás Winding Refn realiza Solo dios perdona, con guión de su autoría. En esta coproducción intenta un viaje alrededor del narcotráfico, de la prostitución y de la corrupción en el boxeo en Tailandia, los que son demasiados temas para una película de 90 minutos; después de media hora, recordamos la vieja máxima que dice “el que mucho abarca, poco aprieta” pues, en efecto, la historia, desde el principio, es un infumable pastiche que no tiene pies ni cabeza.

Con esta película se nota que el autor pierde piso y cree que solo basta con mostrar su portentoso oficio, como si fuera el único capaz de hacerlo; pero se le olvida, en su torpe deseo de sorprender al mercado norteamericano, que un guión debe ser coherente con la forma, que no deben quedar cabos sueltos y que, si se va a lanzar un recipiente de aceite hirviendo a un perseguido, se tiene que prever cómo lo va a tomar el perseguidor para no quemarse, porque de otro modo se hace inverosímil.

Tratar de encontrar un ápice de contenido o de recreación policiaca en Solo dios perdona es un juego de la más burda retórica que hace más huera e intrascendente la historia. Las acciones son notablemente contradictorias y provocan confusión desde que inicia: el dueño de un burdel muestra a Billy, el hermano mayor del personaje principal, a varias mujeres jóvenes que posan en un aparador; a Billy no le gustan y dice que prefiere hacerlo con la hija del dueño, pero este se niega. Billy lo golpea, entra donde están las mujeres y parece estrangular a una. De repente vemos que está en otra parte, en un cuarto y que Billy mató a la hija del dueño; el planteamiento nos deja inseguros de lo que el autor está intentando contar.

La madre es intrascendente e inverosímil: jefa de una red de narcotráfico —que solamente está dicha y que nunca vemos—, le recrimina a Julián por qué no hace nada por vengar a su hermano, y él solo, con la mayor de las güevas, emprende el enfrentamiento contra Chang, lo que no se cree nadie.

El regodeo en la violencia no conduce a ninguna parte, es de lo más inútil: la secuencia donde el tailandés golpea a Julián es larga y carece de fuerza porque no estamos identificados con ningún personaje.

El autor está completamente perdido en la línea dramática de su desfondado guión, que pedía a gritos ser retrabajado, como se hace en cualquiera de los talleres de guión que existen en el mundo.

La desgastada violencia conduce a otra máxima: Dios no siempre perdona.

“Solo Dios perdona” (Dinamarca, Estados Unidos y Tailandia), dirigida por Nicolás Winding Refn, con Ryan Gosling y Kristin Scott Thomas.