La crítica: Consensos y disensos

Monica Mayer receta la lectura de la crítica mexicana para reconocer si es sensata o no.
No es sordo el mar. Retablo. Tito Rivas
No es sordo el mar. Retablo. Tito Rivas (Luz María Carmona)

México

Tal pareciera que el único consenso generado por la crítica de arte mexicana es el concerniente a su propia inepcia. Pero, ¿de generar consensos se trata?

Cuando a Mónica Mayer se le pregunta si, “de existir en México una crítica sensata, existiría también un público distinto”, ella receta la lectura atenta de crítica mexicana “para que luego se me diga si es o no sensata”. Correctivo riguroso en demasía, pero insuficiente para quienes en la crítica solo ven mercadotecnia.

¿Para qué “se generan consensos”, o para quién? Tratándose del arte -vale decir: uno de los pocos dispositivos de legitimación que le quedan a la dictadura del gran capital-, habrá quien piense que lo que más urge es, al contrario, la generación de disensos.

¿Por qué no se pone la crítica mexicana a la altura del “reconocimiento al arte mexicano a nivel internacional”? ¿Será porque, a diferencia del artista mejor posicionado, ella, además de vivir en México, vive atenta a lo que en México pasa?

Concurrida opinión preconiza el trato directo con el artista como única forma de justipreciarlo. Toda fuente de información debe aprovecharse y, por su relación más o menos íntima con la obra, constituye el artista una fuente primaria. Pero es la crítica traducción y hay quienes prefieren traducir de primera lectura, para así conservar los datos del viaje iniciático. Otros dan línea autoral.

Muchos han sido los contubernios fructíferos entre arte y crítica. Zola y Manet se enfrentaron al emperador responsable de la invasión de México en busca de minerales.

No conoció Góngora consensos, sino disputas agrias respecto de su valía. El consenso se fue dando a lo largo de los siglos, en virtud del estudio de su alta relojería. En esta instalación de Tito Rivas -teatro sobre el viento armado- el ir y venir de las voces lectoras se hace eco del recorrido de la mirada. Así nos lo explica el propio artista. A nosotros nos corresponde discurrir hasta qué punto se comunican las innúmeras dimensiones simultáneas del verso gongorino.

Arma Góngora su poema con fuentes clásicas, que luego supera. El autorretrato de María José Alós se hilvana mediante “ripeo y búsqueda de pietaje”. “En las costuras se reapropia de sí misma”, nos señala la curaduría. A nosotros nos toca decidir en qué medida se consigue remontar la desgracia de verse reflejada en un centón de tópicos genésicos y tanatópticos impuestos por el imperialismo suave.

Laboratorio Arte Alameda. Hasta el domingo.