La crítica: Concreto

El color natural del concreto es el gris, pero en algunos casos se utiliza el cemento blanco y algunos colorantes o agregados pétreos que le aportan color y textura.
El concreto fue utilizado por los romanos.
El concreto fue utilizado por los romanos. (Especial)

México

En España lo llaman hormigón y en otros países de habla hispana cemento armado. En México adoptamos el anglicismo, ya que mucho del vocabulario técnico de la construcción nos ha llegado de Estados Unidos. Aunque pensamos que es un material moderno, el concreto era utilizado por los romanos hace dos mil 500 años, y de ahí deriva la raíz latina de la palabra, que significa “compacto”, “sólido”. Después de la caída del imperio, se dejó de desarrollar esta tecnología constructiva. Algunos arquitectos lo llaman “la piedra del siglo XX”, ya que se comenzó a utilizar nuevamente a finales del siglo XIX y fue durante el modernismo que su uso se extendió por todo el mundo.

El color natural del concreto es el gris, pero en algunos casos se utiliza el cemento blanco y algunos colorantes o agregados pétreos que le aportan color y textura. Para su producción se utilizan moldes de madera o acero, las cimbras o encofrados que dejan su huella en el acabado final. El distinto uso del concreto coincide con los rasgos culturales de los arquitectos y a veces con sus propias biografías. Tal es el caso del arquitecto estadunidense Louis Kahn, quien no buscaba la perfección a ultranza, sino, en el concreto, la “tersura de las alas de una mariposa”, pero no evitaba las imperfecciones y huellas del proceso. El arquitecto no pensaba que fuera necesario luchar contra las marcas que deja la cimbra sobre la superficie terminada; según él, “había que trabajar con las imperfecciones hasta poseerlas y convertirlas en virtudes”. Quizá esta opinión se relacione con el hecho de que Kahn sufrió un accidente de niño que dejó cicatrices imborrables en su rostro.

Le Corbusier, uno de los grandes maestros de la arquitectura moderna, inventó el Béton brut, técnica que resaltaba las marcas del proceso de construcción sobre las superficies de los inmensos muros colados en concreto. De ahí derivó el término de “arquitectura brutalista”, acuñado por los Smithson, quienes también lo utilizaron. En México Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky fueron de los más asiduos seguidores del maestro suizo.

Mirando hacia Oriente nos encontramos con el preciosismo del japonés Tadao Ando, quien ha hecho todo lo posible para que las superficies de sus muros de concreto sean lisas y suaves al tacto. Los muros de Ando solamente muestran las divisiones propias de los paneles con los que realiza sus moldes, divisibles en unidades de medida que se llaman “tatami”. En los espacios de Ando solo se ven las marcas de los atiesadores de la cimbra, unos pequeños orificios redondos que marcan un ritmo constante en las proporciones de sus muros.