La crítica: Circularidades sin defecto

Dinero para fantasmas, la más personal novela de Cozarinsky.
Edgardo Cozarinsky, Dinero para  fantasmas, Tusquets, México, 2013, 136 pp.
Edgardo Cozarinsky, Dinero para fantasmas, Tusquets, México, 2013, 136 pp. (Especial)

México

Como resultado de la profunda crisis económica por la que atravesó Argentina, hacia principios de la pasada década, su cultura literaria se vio fortalecida con el surgimiento de nuevos y numerosos autores. Estos habrían de sumarse al sólido listado de clásicos, que desde mediados del siglo colocaron ese canon en los mejores sitios de la narrativa hispanoamericana.

Justo en ese gozne puede ubicarse a Edgardo Cozarinsky, bonaerense nacido en 1939 y que desde su primera salida de aquel país en los setenta, emprendió una carrera profesional entre cinematografía y literaria. Si bien ahora, globalizados los productos culturales, se le reconozca lo mismo en París que Buenos Aires. Aquí en México tenemos disponibles dos de sus novelas, Lejos de dónde y La tercera mañana.

A pocos meses de lanzada en Argentina, ahora también la más reciente, Dinero para fantasmas, donde Cozarinsky vuelve a la recreación de universos cerrados, en la que los personajes destacan más por la introspección que a partir de las historias en las que el autor los ubica. Lo que no detiene el imaginario del escritor, como tampoco la incorporación de elementos de su vida y personalidad.

Esto se percibe en la lectura de Dinero para fantasmas. Donde una pareja de jóvenes cineastas a las que se les ha asignado una tarea, descubren a otro cineasta ya con un largo recorrido, y con él una atropellada historia de pareja, acontecida en distinto plano. Juego laberíntico, supuesto de la buena novela, que contiene toda vida posible, sin importar que el entendimiento de la misma se presente años después.

Por las características de la(s) trama(s) y sus materias; lo mismo que por la incorporación del personaje Andrés Oribe, “cineasta con una carrea zigzagueante entre la Argentina y Europa, con algunos títulos de culto, inhallables”, podríamos asegurar que el lector tiene en Dinero para fantasmas la más personal novela de Cozarinsky. (Sin olvidar al pequeño y tembloroso Víctor de La tercera mañana, testigo de una muerte arrabalera en Buenos Aires, primero; sesentón y enamorado tras su paso por los años libertarios en París, después).

En uno de sus muchos pliegues, la narración de Dinero para fantasmas recurre al gran Sciascia, y con él (creo) a la obra novelística completa de Cozarinsky (El rufián moldavo, Maniobras nocturnas): “por qué asombrarnos ante la causalidad de la casualidad, ante todas esas conjunciones, regresos, repeticiones, coincidencias y correspondencias en que se reflejan como en espejos enfrentados la realidad y la imaginación, circularidades sin defecto de que está llena la vida, todas las vidas: representan, ahora lo sabemos, el único orden posible…”.